LA GRAVEDAD DE NUESTRO EMPOBRECIMIENTO




El pasado día 8, el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) presentó el informe “Evaluación de la Pobreza Monetaria 2015-2024” empleando un enfoque monetario, considerando “pobre” a cualquier persona cuyo gasto en dinero no supera los S/ 454.00 mensuales (S/ 15.13 diarios) como costo de una canasta básica de consumo de alimentos y otros bienes y servicios, esta situación alcanzó a 9’395,000 peruanos (27.6%), y aunque se redujo mínimamente respecto a 2023 (-0.2%), según el IPE, si seguimos creciendo al 3%, vamos a tardar hasta 20 años para regresar a la pobreza que teníamos en 2019 (20.2%), equivalente a 6’300,000 pobres.

 

Como “pobres extremos”, son considerados cuyos gastos, solo en alimentos, no superan S/ 256.00 mensuales (S/ 8.53 diarios), esta situación alcanzó a 1’872,000 (5.5%), es alarmante que se mantengan éstos elevados índices, recrudeciendo en el ámbito rural (sierra y selva) y en el resto urbano, y, además, ha sobrepasado proporcionalmente a la pobreza total.

 

Es igualmente preocupante el aumento de “vulnerabilidad monetaria” en costa, sierra y selva, afectando más de 10 millones de peruanos (31.8%), se refiere a aquellos que les alcanza mínimamente para cubrir una canasta básica, pero se encuentran en riesgo a caer en pobreza por cualquier cambio desfavorable en su economía. La medición de pobreza monetaria es tan frágil que un “pobre” o “pobre extremo” que aumente su capacidad de gasto en unos soles más del umbral de S/ 454.00 o S/ 256.00, respectivamente, cambia inmediatamente de condición de pobreza.

 

El 31 de diciembre 2024, el Gobierno publicó el DS 014-2024-MIDIS para que este Ministerio establezca los mecanismos para medición oficial de la “pobreza multidimensional”, lo cual afecta la institucionalidad y autonomía del INEI y pone en riesgo de manipulación política los datos de pobreza. En febrero pasado se presentó un avance de la metodología de medición de la pobreza multidimensional, pero, la última “Evaluación de la Pobreza Monetaria 2015-2024” solo es una medición monetaria, porque considera capacidad de compra y no de consumo efectivo de bienes, además, excluye importantes aspectos incidentes de pobreza como necesidades y servicios básicos insatisfechos, desnutrición, anemia, exclusión social, capacidades, etc.

 

Bajo este panorama, la pobreza en nuestro país refleja nuestra crítica situación general y estructural en materia de oportunidades y bienestar. Es muy grave el empobrecimiento nacional (alrededor del 65% de la población esta inmersa entre pobreza, pobreza extrema y vulnerable), lo cual es generado principalmente por inestabilidad política, violencia e inseguridad ciudadana, corrupción, reducida inversión privada, falta de empleo, altísima informalidad, bajo crecimiento económico, falta de apropiadas políticas públicas focalizadas en los más vulnerables, entre otros, que el gobierno debería, con estrategias claras y concretas, orientar como principales retos para retomar la lucha contra la pobreza.

 

Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 17 de mayo de 2025 

ENGAÑOSAS E IRREALES CIFRAS DE POBREZA



El pasado día 9 el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) presentó su informe “Perú: Evolución de la Pobreza Monetaria 2014-2023”, en el cual se explica que el incremento de la población en situación de pobreza en 2023, respecto a 2022, aumentó a 9’780,000 personas (+1.5%), representando 596,000 nuevos pobres. En pobreza extrema, se incrementó a 1’922,000 (+0.7%), representando 249,400 nuevos pobres extremos.


Estas cifras son gravísimas para nuestro país porque reflejan nuestra deplorable situación general y estructural en materia de oportunidades y bienestar, y peor aún, son engañosas e irreales porque el INEI, para medirlas, emplea el método de “Líneas de Pobreza Monetaria”, utilizando únicamente, como variable al gasto,  es decir, mide la capacidad de compra, pero no el consumo efectivo de bienes, mediante el valor de una canasta mensual mínima de S/ 446 por persona (S/ 14.86 diarios) cantidad que debe alcanzar una persona para alimentación, salud, educación, vestido, vivienda, transporte, enseres y otros, así, si cuenta con dicha cantidad de dinero, no es pobre, y, para pobreza extrema, una canasta de S/ 251 (S/ 8.36 diarios) para subsistir con mínimas necesidades nutricionales, igualmente, contando con esta cantidad, no es pobre extremo. Esta medición de pobreza no mide el desarrollo social, oportunidades humanas, ni otros aspectos incidentes de la pobreza como necesidades y servicios básicos insatisfechos, desnutrición, exclusión social, capacidades, etc. Este método es tan engañoso e irreal que si se le entregara a cada peruano en condición de pobreza S/ 14.86 diarios para vivir, no existiría ni un solo pobre en nuestro país.

 

Bajo este panorama la forma correcta de medición de la pobreza debe ser aplicando la medición “Pobreza Multidimensional” que no solo mide el ingreso económico de las personas, sino, además, tiene un enfoque de derechos sociales, determina reales dimensiones de pobreza en carencias en salud, educación y nivel de vida, en las diferentes regiones, grupos étnicos, genero, áreas rural y urbana, lo que arrojará cifras reales que permitan diseñar políticas públicas integrales que coadyuven a reducir los niveles de pobreza y encaminen el desarrollo social y económico de nuestro país. El Ministerio de Inclusión y Desarrollo Social (MIDIS), en febrero 2020, informó que a partir de 2021 se iniciaría la medición de “Pobreza Multidimensional”, pero hasta la fecha no lo han vuelto a tratar, seguramente lo han encarpetado porque los resultados de pobreza serían reales y extremadamente más altos que los resultados de medición monetaria. En un informe del Banco Mundial “La pobreza y prosperidad compartida” advierte que la proporción de personas que sufren carencias en múltiples dimensiones es 50% más alta de quienes experimentan deficiencias en términos de consumo o ingreso.

 

Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 25 de mayo de 2024

  

GOBIERNO COMUNISTA REPARTE BONOS POR DOQUIER Y LA POBREZA SE INCREMENTA


 

Desde su inicio este gobierno comunista, marxista leninista maoísta, ha promovido el populismo, y con el argumento de ayudar a los hogares en situación vulnerable, a partir del 21 de agosto 2021 comenzó a repartir por doquier una veintena de Bonos, Bonificaciones, Subvenciones y Subsidios por diferentes conceptos con fondos de la reserva de contingencia que durante su primer año fueron transferidos, con decretos supremos o de urgencia, más de S/ 6,000 millones, administrados la mayoría por el Ministerio de Inclusión Social (Midis), cifra increíblemente mayor al presupuesto de 10 a 12 ministerios juntos, y continúan repartiéndolos a través de aumentos sostenidos de dicha reserva de contingencia habiendo contemplado para este año un gasto de hasta S/ 8,500 millones.

 

Entre estos Bonos, Bonificaciones, Subvenciones y Subsidios, están los denominados: “Yo me quedo en casa”, “Independiente”, “Rural”, “Familiar Universal”, “Segundo Bono Familiar Universal”, “Electricidad”, “Suspensión perfecta de labores”, “Orfandad”, “Sector Salud”, “Agrario”, “Yanapay-350”, “Yanapay-700”, Bono 210”, “Escolaridad”, “Wanuchay”, “Niños-2022”, “Bono Gas”, “Techo Propio”, “Alimentario”, “Subvención Extraordinaria-Programas Sociales”, entre otros.

 

Aunque su repartición ha debido, y debe ser utilizada, solo en casos de emergencia como la pandemia, el gobierno sigue repartiéndolos por doquier como un instrumento populista sin claridad y sin tener empadronados solo a los más necesitados, por ejemplo, el Bono “Yanapay” (significa “solidaridad” en quechua), de S/ 350 y S/ 700 es destinado a adultos mayores pobres extremos que viven con una canasta básica de alimentos de S/ 7 diarios, sin embargo, de manera indecorosa e inmoral, este bono ha sido recibido desde su inicio por los padres de Castillo y los padres de su esposa Lilia Paredes. Todos los padrones de entregas de Bonos por este gobierno deberían ser revisados por la Contraloría.

 

Bajo este panorama el gobierno comunista de Castillo, quien ya tiene una denuncia constitucional presentada al Congreso por la Fiscal de la Nación por ser presunto cabecilla de una organización criminal, desde que inició su gestión extremista ha seguido un proceso para destruir nuestro país, desbaratando instituciones, impulsando medidas populistas y antitécnicas para desincentivar el empleo formal y generar incertidumbre y desconfianza a la inversión privada, ocasionando un débil crecimiento (3%), falta de empleo (9 millones subempleados y 1 millón de desocupados), máxima informalidad (80%), elevada inflación (8.5%) generando una drástica reducción de la capacidad adquisitiva de los hogares más pobres y vulnerables (la canasta básica alimentaria aumentó de S/ 760 en 2020 a S/ 905 actualmente), según Macroconsult la pobreza aumentaría de 25.9% en 2021, hasta 27.5% al cierre 2022 (dicho incremento significaría un total de más de 9 millones de pobres).

 

Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 15 de octubre de 2022

 

MOVILIDAD SOCIAL Y DESIGUALDAD EN TIEMPO DE CORONAVIRUS


Actualmente la mayoría de temas que está viviendo el mundo se encuentran asociados al coronavirus (Covid-19), su rápida propagación ha obligado a autoridades políticas y sanitarias a enfrentar este grave e inédito desafío con riguroso pero necesario aislamiento. En nuestro país, si bien este aislamiento perjudica a toda la sociedad, principalmente afecta a las poblaciones más vulnerables (pobres y pobres extremos) que en medio de carencias necesitan trabajar diariamente para vivir (durante el estado de emergencia recibirán del gobierno S/.25 diarios para subsistir), también estará seriamente afectado el sector informal, 7 de cada 10 peruanos que no son considerados pobres ni pobres extremos.

En la 50ª edición del Foro de Davos, realizada en enero pasado, el Foro Económico Mundial presentó la primera versión del Índice Global de Movilidad Social 2020 el cual analiza el desempeño de 82 países (incluido el Perú) para impulsar la movilidad social entre sus habitantes (el concepto se refiere a la posibilidad que tienen los habitantes de un país para ascender de estatus socioeconómico), dicho Índice utiliza pilares fundamentales para medir la promoción de movilidad social, entre ellos: acceso a la salud, a la educación (calidad y equidad) y a la tecnología, protección social, condiciones de trabajo (oportunidades laborales, salarios justos), protección social, atención sanitaria e instituciones inclusivas.

Nuestro país se ubica en el tercio inferior (puesto 66° entre 82 países), y en la región, entre 13 países evaluados, ocupamos el antepenúltimo lugar, solo antes de El Salvador (68°) y Paraguay (69°). También ocupamos últimos lugares en factores claves para mejorar nuestra movilidad social: condiciones laborales (76°), calidad y equidad en la educación (72°), protección social (72°), acceso a la tecnología (70°), instituciones inclusivas (61°), justa distribución de remuneraciones (59°), aprendizaje continuo (57°), acceso a la salud (56°). La falta de movilidad social está directamente relacionada a nuestros elevados niveles de desigualdad afectando el desarrollo y la sostenibilidad social y económica.

Bajo este panorama, la epidemia del coronavirus pasará, pero deberá seguir vigente el esfuerzo del Estado por el incremento de nuestra movilidad social y la lucha contra la desigualdad. Nuestro país no ha avanzado en igualdad social en muchos años por la corrupción, evasión de impuestos, poca inversión para brindar educación de calidad y salud, falta de empleo e informalidad, donde la población más vulnerable es la que sufre las peores consecuencias por falta de oportunidades, principalmente en las zonas más marginadas y deprimidas.

Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 21 de marzo de 2020


IRREAL MEDICIÓN DE NIVELES DE POBREZA EN EL PERÚ


El pasado 28 de febrero la ministra de Desarrollo e Inclusión Social, Liliana La Rosa, manifestó que para medición de la pobreza se cambiará el método actual de medición monetaria por la metodología multidimensional donde además de la parte monetaria se analizarán otros indicadores sociales y sería incorporada en 2021. Nuestro actual sistema de medición “Línea de Pobreza Monetaria” es evidentemente irreal porque solo evalúa la capacidad de compra de las personas pero no valora las dimensiones indispensables que traducen la privación de necesidades básicas como educación, salud, vivienda, trabajo, y esta situación se explica claramente por el uso político de los gobiernos para mostrar menores cifras de pobreza. Recordemos que durante el segundo gobierno de Alan García (2006-2011), usándose la medición monetaria, las cifras de pobreza fueron reducidas de 49.1% en 2006 hasta 27.8% el 2011 cuando era claro que la cantidad de pobres era mucho mayor.  

Nuestra medición de pobreza monetaria la realiza el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) empleando una sola variable, mediante el valor de una canasta mensual mínima de S/.338 por persona (S/.11.27 diarios) cantidad que debe alcanzar para alimentación, salud, educación, vestido, vivienda, transporte, enseres y otros, así, si una persona tiene dicha cantidad de dinero no es pobre, y para pobreza extrema, la canasta es de S/.183 (S/.6.1 diarios) solo para subsistir con mínimas necesidades nutricionales, también, contando con dicha cantidad de dinero una persona  no es pobre extrema. Esta medición de pobreza es tan irreal que si se le entregara a cada peruano en condición de pobreza S/ 11.27 diarios para vivir no existiría ni un solo pobre en nuestro país. Según la última medición monetaria 2017 casi 7 millones de peruanos son pobres (21.7%) de los cuales 1.2 millones son pobres extremos (3.8%), pero además existen 2.3 millones de peruanos (32.6%) en vulnerabilidad a la pobreza, cantidades que obviamente se incrementarían con una medición multidimensional.

Bajo este panorama es necesaria y prioritaria la implementación de la medición multidimensional para evitar maquillajes en cifras de pobreza, ya que este método, por tener un enfoque de derechos sociales, determina carencias en salud, educación y nivel de vida en las diferentes sub-poblaciones (regiones, grupos étnicos, áreas rural/urbana, género), lo que arrojará cifras reales  y nos permitirá diseñar políticas públicas integrales que coadyuven a reducir los niveles de pobreza y encaminen el desarrollo social y económico de nuestro país.

Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 9 de marzo de 2019

SITUACIÓN DE LA POBREZA RURAL EN EL PERÚ


El pasado 21 de noviembre la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) presentó en Buenos Aires, Argentina, la primera edición del “Panorama de la Pobreza Rural en América Latina y el Caribe” advirtiendo que en la última década aumentó la pobreza rural regional en 2 millones de personas llegando a 59 millones de pobres rurales, de los cuales 27 millones son pobres extremos rurales, resaltando que casi la mitad de la población rural regional es pobre a pesar que 28 de los 33 países que la conforman son de ingreso rural medio y alto.

Con relación al Perú, el informe incluye nivel de pobreza monetaria y nivel de pobreza multidimensional, respecto a la monetaria (actualmente aplicada por INEI) indica que hemos reducido la pobreza rural desde 1997, de 73% a 46% en 2014 (actualmente el INEI registra 44.4%), esto significa que de los 9 millones de peruanos rurales casi 4 millones son pobres), pero el informe también registra que tenemos 86% de pobreza multidimensional (de los 9 millones de peruanos rurales 7.7 millones son pobres). Para comprender esta extrema diferencia entre medición monetaria y multidimensional, el INEI emplea la medición monetaria considerando que quien tiene S/ 11.27 diarios para vivir (alimentación y todas las demás necesidades) no es pobre, y si tiene más de S/ 6.1 no es pobre extremo. Esta inexplicable e ilógica medición no permite dimensionar la magnitud de las carencias poblacionales que si incluye la medición multidimensional como falta de servicios básicos, educación, empleo, protección social, vivienda y calidad de vida.

Bajo este panorama nuestra pobreza rural es estructural, los elevados niveles de pobres y la mayoría de necesidades básicas insatisfechas demuestran que las zonas rurales están siendo olvidadas por el Estado y la sociedad. Se requieren programas estratégicos y políticas políticas coordinadas entre los tres niveles de gobierno, nacional, regional y local priorizando la inversión para luchar contra la pobreza existente en el ámbito rural, principalmente en crear oportunidades de empleo (la informalidad supera 88%), mejorar agua y saneamiento (alrededor de 30% sin servicio de agua y 42% sin servicios higiénicos), salud (mínima inversión, cobertura muy reducida y en muchos casos inexistente), educación (muy bajos niveles de aprendizaje), capacitación de pequeños agricultores (siembras, cosechas, demanda, calidad, competencia y precios de productos), electrificación (brecha permanece en 20%), y gestión ambiental (conservación ambiental y manejo eficiente de recursos naturales).

Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 15 de diciembre de 2018


MEDICIÓN MULTIDIMENSIONAL DE LA POBREZA


Esta vorágine de corrupción e impunidad que vive nuestro país, además de la agresividad en el trato político entre el Ejecutivo y Legislativo y la fuga de un ex juez supremo corrupto en las narices de la Policía, nos desvían la atención de importantes temas sociales como la pobreza que refleja la situación general y estructural del país en materia de oportunidades y bienestar. El pasado 20 de setiembre el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Universidad de Oxford presentaron el Índice de Pobreza Multidimensional-2018 (IPM), evaluando 104 países en relación a carencias en pobreza, salud, educación y nivel de vida, identificando la pobreza extrema cuando las personas tienen un tercio de 10 indicadores en evaluación (nutrición, mortalidad infantil, años de escolarización, asistencia escolar, combustible para cocinar, saneamiento, agua potable, electricidad, vivienda y activos).

Este IPM registra para Perú 3.95 millones de personas en condición de pobreza multidimensional (12.46% de población total)  siendo las mayores causas, salud (19.55%), educación (24.08%) y condiciones de vida (56.37%) por falta de acceso a saneamiento, agua potable, electricidad y vivienda. Según el Instituto de Economía y Desarrollo Empresarial (IEDEP) este índice representa más de 3 veces la pobreza monetaria extrema del país, siendo 10 veces mayor en zonas rurales (32.7%) que en urbanas (3.4%).

El Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) determina nuestra incidencia de pobreza midiendo la “línea de pobreza monetaria” mediante el valor de una canasta mensual mínima de S/.338 por persona (S/.11.27 diarios) para alimentación, salud, educación, vestido, vivienda, transporte, enseres y otros, si cuenta con dicha cantidad de dinero no es pobre, y para la pobreza extrema, mediante una canasta de S/.183 (S/.6.1 diarios) para subsistir con mínimas necesidades nutricionales, si cuenta con dicha cantidad no es pobre extremo. Según esta medición monetaria casi 7 millones de peruanos subsisten gastando menos de S/.338 mensuales, de los cuales 1.2 millones son pobres extremos, muy por debajo del IPM-2018 que registra 3.95 millones.

Bajo este panorama nuestra actual medición monetaria debería ser reemplazada por no reflejar cifras reales de pobreza ya que no mide índices de desarrollo humano ni oportunidades humanas, como  la desnutrición crónica infantil ni cobertura de acceso y calidad de servicios básicos, lo cual induce a errores en elaboración y desarrollo de políticas y programas sociales y estrategias focalizadas para reducir la pobreza, especialmente la pobreza extrema y en el ámbito rural.

Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXXPRESO, fecha 20 de octubre de 2018


POBREZA: PREOCUPANTE REBROTE EN MÁS DE UNA DÉCADA


Según la última Encuesta Nacional de Hogares (Enaho-2017) del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), la pobreza en nuestro país aumentó en 2017 a 21.7% (1% respecto a 2016), pero preocupa que dicho incremento se presenta después de 13 años, en que anualmente venía reduciéndose. Con este rebrote se registra actualmente 6’906,000 de peruanos en esta situación y 1’200,000 son pobres extremos. Los niveles de pobreza rural son inadmisibles, 44.4% pobres, y en el ámbito rural llega a 15.1%. El INEI determina la incidencia de pobreza utilizando el método de medición “línea de pobreza monetaria” mediante el valor de una canasta mensual mínima que para 2017 fue S/338 por persona (S/11.27 diarios) para alimentación y cubrimiento de necesidades esenciales mínimas para vivir (salud, educación, vestido, vivienda, transporte, enseres y otros), y para medición de pobreza extrema una canasta de S/183 (S/6.1 diarios) para subsistir cubriendo solo las mínimas necesidades nutricionales.

Dicho método de medición debería ser analizado porque no mide integralmente la pobreza ya que no evalúa el desarrollo social que incluye medición de índices de desarrollo y oportunidades humanas y otros aspectos incidentes de la pobreza como necesidades y servicios básicos insatisfechos, desnutrición, anemia, exclusión social, capacidades, etc., además, solo considera el gasto de los hogares y no el ingreso, todo lo cual no permite la adecuada adopción de políticas públicas ni la eficiente gestión de programas sociales en su focalización e identificación nacional.

La medición de la pobreza debería ser multidimensional que mida de manera integral las privaciones de la población, sin embargo, sea cual fuere el método, mientras continuemos con bajísimos niveles de crecimiento económico los niveles de pobreza hacia el 2021, año de nuestro Bicentenario, podrían seguir aumentando, como en 2017, o también estancarse. Según el Departamento de Estudios del Fondo Monetario Internacional (FMI) la pobreza solo podrá reducirse significativamente con tasas de crecimiento sostenidas mayores al 5%.

Bajo este panorama para reducir la pobreza existen muchos factores, el principal, la reactivación de la economía, dinamizando la inversión privada, generando confianza y fortaleciendo las ventajas competitivas para mejorar el crecimiento del PBI e incrementar la recaudación tributaria, además, realizar reformas esenciales en educación, salud, laborales y sociales que permitan generar empleos formales de calidad y mejoras en el acceso a recursos y oportunidades de los millones de peruanos en situación de pobreza que viven con derechos recortados por diferencias injustificadas e injustas.

Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 28 de abril de 2018

ÍNDICE DE CRECIMIENTO Y DESARROLLO INCLUSIVO 2018


El 22 de enero pasado el Foro Económico Mundial (FEM) presentó en Davos (Suiza) el Índice de Desarrollo Integrador IDI-2018 el cual evalúa el desarrollo inclusivo de 103 países respecto a tres indicadores, crecimiento y desarrollo, inclusión, y equidad intergeneracional. En esta evaluación se consideran 30 economías desarrolladas y 73 emergentes, nuestro país se ubica en el puesto general 44° y entre las economías emergentes 14°, por debajo de Panamá, Uruguay y Chile, pero por encima de 59 países
Este puesto obtenido puede llevarnos a errores de interpretación respecto a nuestro fomento de inclusión y reducción de desigualdad, sin embargo, si analizamos los factores de evaluación del Índice verificaremos que justamente  descendemos en los factores de desigualdad del ingreso y desigualdad de riqueza, manteniéndonos estables en el índice de pobreza; cuando el ingreso y la riqueza están mal distribuidos, la brecha económica se torna incontrolable entre los que más y menos tienen, promoviéndose la frustración y generación de conflictos sociales.

Este informe del FEM nos permite deducir que la desigualdad en nuestro país no cede lo cual se puede evidenciar por las dificultades que enfrenta una gran mayoría de peruanos para acceder al empleo, salud, educación y otros servicios básicos, y en el caso de la inclusión, el Estado no la fomenta adecuadamente por falta de mecanismos de integración y revalorización social. Lo que está fallando es la falta de políticas sociales, económicas y de gestión que erradiquen las brechas de desigualdad, que favorezcan las oportunidades y que generen un mejor nivel de bienestar a la población, especialmente en el ámbito rural y principalmente en la sierra y selva.

Bajo este panorama, el gobierno, para reducir la pobreza y desigualdad y mejorar la inclusión social, debe, mediante adecuadas acciones y políticas públicas, incrementar el financiamiento para inversión social y productiva, mejorando nuestro crecimiento (PBI) actualmente con tasa muy bajas (2.5%) requiriéndose aumentarlo, como mínimo, encima del 4%, también, aumentando la recaudación de los ingresos tributarios cuya disminución actual se refleja en una caída de presión tributaria menor al 13%, debiendo aumentar como mínimo hasta 17%, además, reduciendo la desigual distribución de ingresos mediante el acceso a igualdad de oportunidades (el 50% de trabajadores peruanos recibe menos del salario mínimo), lo cual produciría un objetivo social de menor inequidad y evitaría la causa y efecto de otras desigualdades como la educación, salud y mercado de trabajo.

Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 7 de abril de 2018



ANEMIA INFANTIL: GRAVE E INDIGNANTE ENFERMEDAD

El nuevo gobierno y los congresistas elegidos deberían considerar como primera prioridad reducir la grave e indignante enfermedad de anemia infantil, uno de los principales problemas de salud pública en nuestro país. Todos proponen un incremento sostenido del presupuesto para mejorar la educación, sin embargo, así se ejecute, no será suficiente sin resolver la alta prevalencia de anemia que afecta a niños desde sus primeros años en su desempeño inmunológico, físico, emocional, cognitivo e intelectual, repercutiendo en una deficiente capacidad para aprender y desarrollarse y afectándolos a futuro en su formación educativa y eficiencia laboral, lo cual impacta negativamente porque representa nuestro futuro capital humano.  

Esta enfermedad afecta al 43.5% (1.2 millones) de niños de 0 a 4 años entre un total nacional de 2.8 millones, y sus efectos, agresivos e irreversibles, se generan por insuficiencia de hierro, yodo, zinc, ácido fólico y complementariamente, de vitamina A, C, calcio y proteínas. En las zonas rurales (cuyo porcentaje ha aumentado desde 2011) la brecha entre éstas y las urbanas también se viene incrementando, lo mismo que en 13 de las 25 regiones. Su mayor incidencia es en las áreas rurales de la sierra y la selva (57%). Según el Centro Nacional de Alimentación y Nutrición, los mayores porcentajes de anemia en niños de hasta 5 años se presentan en Puno (75.2%), Cusco (66%), Pasco (65.5%) y Ayacucho (61.5%).

El Plan Nacional para la Reducción de la Desnutrición Crónica Infantil y la Prevención de la Anemia 2014-2016 incluye como objetivo reducir al 2016 la anemia en niños menores de 3 años al 20%, sin embargo, durante el presente gobierno aumentó desde 41.6% el 2011 a 43.5% en 2015, y según la Organización Mundial de la Salud (OMS) se trata de un “problema de salud pública grave” por encontrarse en porcentajes superiores a 40%.

Bajo este panorama, el nuevo gobierno deberá plantear nuevas estrategias para revertir el avance de anemia infantil durante los últimos años. El sector Salud debería prevenirla y controlarla con una inversión en consonancia a su magnitud y trascendencia, debería aumentar la distribución de hierro en polvo (micronutrientes) y brindar orientación nutricional a gestantes, implementar un sistema de control y evaluación de los niños que la padecen, además, los gobiernos regionales y locales deberían destinar un presupuesto especial y poner mayor esfuerzo para luchar contra esta indignante enfermedad.

Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 28 de mayo de 2016  


POBREZA: LO QUE DEBERÍA ANALIZARSE

El pasado 22 de mayo el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) presentó su informe técnico “Evolución de la Pobreza Monetaria 2009-2015”, señalando que la pobreza monetaria 2015 registró 21.77% equivalente a 6 millones 782 mil pobres (disminuyó solo 0.96% respecto a 2014), y la pobreza extrema registró 4.07% equivalente a 1 millón 266 mil pobres extremos (disminuyó solo 0.2% respecto a 2014). Se destaca además que dejaron de ser pobres 221 mil personas y de ser pobres extremos 53 mil.

Sin embargo, debería analizarse dicho método de medición monetario absoluto y objetivo que determina como “pobre” a personas cuyo gasto per cápita no supera una línea de pobreza de S/.315 mensuales (S/.10.50 diarios) para cubrir mínimas necesidades nutricionales y esenciales para salud, educación, vivienda, transporte y ropa, y, como “pobre extremo” S/.169 mensuales (S/.5.63 diarios) para cubrir las mínimas necesidades nutricionales, además, la medición solo considera capacidad de compra y no de consumo efectivo de bienes, y excluye aspectos incidentes de pobreza como necesidades y servicios básicos insatisfechos, desnutrición, anemia, exclusión social, capacidades, etc. Este método de medición es tan frágil que un “pobre” o “pobre extremo” que aumente su capacidad de gasto en un sol del umbral de S/.315 o S/.169, respectivamente, sale de una u otra de estas dos condiciones. Mediciones efectuadas con otros métodos (multidimensional y estructural) señalan la existencia de más de 11 millones de pobres en Perú.

Otros aspectos de la pobreza que deberían analizarse para profundizarlos y resolverlos son: 1) Ésta incide en el área rural el triple que en el área urbana, y el quíntuple en brecha de pobreza (profundidad de carencias de consumo) y en severidad o desigualdad, asimismo, 80.9% de pobres extremos se concentran en áreas rurales; 2) En la población infantil y adolescente, en promedio, afecta a 30% de niños menores entre 5 y 14 años y adolescentes entre 15 y 19 años, y en el área rural más de 50% de niños menores de 15 años son pobres; 3) Su incidencia en personas con lengua nativa (quechua, aymara o lenguas amazónicas) es el doble que las de lengua castellana; 4) Las personas pobres, en promedio, solo llegan a estudiar 7 años (máximo hasta 1° de secundaria); 5) El 13.5% de la población pobre de más de 15 años es analfabeta, y en pobres extremos alcanza 20.1%.

Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 14 de mayo de 2016


INACEPTABLE DESIGUALDAD EN EL PERÚ

El pasado día 10 durante la presentación del informe de la organización humanitaria internacional Oxfam “Agenda contra la desigualdad: Cinco temas críticos para cerrar las brechas” se advirtió que nuestro país no ha avanzado en igualdad social en 20 años debido a la evasión de impuestos, poca inversión en educación y bajos salarios mínimos, añadiendo que nuestro actual escenario es “difícil” en lo político, económico y social y que el 40% de la población peruana es vulnerable de retornar a la pobreza. Según el informe, las diferencias injustificadas e injustas en el acceso a recursos y oportunidades, excluye a millones de peruanos que viven con derechos recortados, lo que nos divide e impide que construyamos un país justo e integrado donde aspiramos a vivir.

Lo cierto es que nuestro país presenta una inaceptable desigualdad, y eso es reprochable porque se trata de una situación inmoral e injusta donde la población más vulnerable es la que sufre las peores consecuencias, pero el Estado, por falta de calidad institucional y poca efectividad de los gobiernos, no ofrece iguales oportunidades a la población en educación, salud y empleo, y peor aún a las zonas más marginadas y deprimidas, sobre todo a la sierra y selva ya que los servicios se han concentrado, de manera predominante, en la costa y zonas urbanas.

Pero más grave aún es la desigualdad infantil, los niveles de desigualdad entre niños de sectores urbano y rural son altísimos, el 60% de niños de áreas rurales es pobre (el triple que en zonas urbanas), la desigualdad educativa por situación socioeconómica es alarmante y el acceso a la educación infantil temprana es reducido y desigual, especialmente en poblaciones rurales e indígenas.

Bajo este panorama, la desigualdad es fuente de conflictos porque discrimina y excluye, genera inestabilidad social, protestas e inseguridad ciudadana, y además, afecta la inversión y el crecimiento; para combatirla y desvanecerla deben abordarse todas las dimensiones que permitan desconcentrar y distribuir el poder con reformas políticas por la representatividad y participación, con reformas económicas distributivas que generen una tributación justa y progresiva, y reformas laborales que permitan elevar las tasas de empleo y crear empleos dignos y mejorar la capacitación del capital humano, además de reformas educativas para aumentar los bajos niveles de acceso a la educación, y reformas sociales que mejoren la igualdad de oportunidades.

Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 27 de febrero de 2016


CRECIMIENTO ECONÓMICO y POBREZA

Según la Cámara de Comercio de Lima (CCL) la economía peruana crecería 3% el 2016, y aunque el Banco Central de Reserva (BCR) señala 4%, otras proyecciones registran un crecimiento por debajo de 2%, sin embargo, para el Departamento de Estudios del Fondo Monetario Internacional (FMI) la pobreza solo podrá reducirse significativamente con tasas de crecimiento sostenidas mayores al 5%.

El mínimo porcentaje de reducción de la pobreza en 2014, de 1.2% respecto a 2013 (de 23.9% a 22.7%), se relaciona con el bajo crecimiento económico el cual cayó a 2.4% desde 5.8% en 2013 y un promedio de 6.5% entre 2005 y 2012. El informe técnico de abril 2015 del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) registra para 2014 un índice de 22.7% de pobres equivalente a alrededor de 7 millones de peruanos y presenta niveles de pobreza rural inadmisibles (46%) donde casi la mitad de peruanos es pobre.

El crecimiento de la clase media también se ha desacelerado de acuerdo al último informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), además, el 33.6% de la población se convirtió en vulnerable y con riesgo de caer en la pobreza por recibir una remuneración de entre S/. 384 y S/. 960. La pobreza extrema (línea de US$ 1.25 al día según definición del Banco Mundial) podría ser elevada a cerca de US$ 1.90, lo cual aumentaría nuestro porcentaje de pobres extremos registrados el 2014 (4.7%) equivalente a 1.4 millones de peruanos, la mayoría en sierra y selva.

Bajo este panorama, mientras continuemos con bajísimos niveles de crecimiento económico la reducción de la pobreza será mínima como en 2014 o simplemente se estancará o inclusive podría aumentar. En esta situación será imposible reducir la pobreza de manera significativa y erradicar la pobreza extrema hacia el 2021, año de nuestro Bicentenario. El bajo crecimiento que estamos registrando afecta notoriamente la recaudación tributaria (reducción de capacidad de gasto del gobierno), lo cual se agrava con la marcada falta de gestión del gobierno central y los gobiernos regionales y locales.

El gran objetivo del próximo gobierno debe ser realizar reformas esenciales (Poder Judicial, seguridad ciudadana, corrupción, etc.) para mejorar la economía e incrementar los niveles de crecimiento inclusivo y con equidad para poder generar empleos y reducir la pobreza principalmente en las zonas rurales, altoandinas, fronteras y comunidades amazónicas. 

Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 26 de diciembre de 2015


PERÚ: DESNUTRICIÓN INFANTIL Y ANEMIA

La presentación de cifras publicadas el pasado día 3 por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), registrando 1.9% de disminución en la pobreza ha tenido muchas reacciones triunfalistas en el gobierno, lo cual no ayuda a enfocar retos para enfrentar problemas centrales como desnutrición crónica infantil y anemia, enfermedades devastadoras que generan impactos irreversibles y aumentan el riesgo de mortalidad infantil. Cada año mueren alrededor de 4,000 recién nacidos antes de cumplir el primer mes de vida.

Tenemos más de 1.5 millones de niños con desnutrición crónica. Los últimos resultados preliminares 2013 de la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES 2013) indican que la desnutrición crónica infantil descendió solo 0.6% respecto a 2012 (de 18.1 a 17.5%) mucho menor que en años anteriores, además, se incrementó en 6 regiones (Piura, Lambayeque, La Libertad, Arequipa Cajamarca y Pasco), y en el ámbito rural es 3 veces mayor que en el urbano. La meta del gobierno de reducirla hasta 10% al 2016 será imposible porque se requeriría disminuirla 2.5% anual.

Respecto a la anemia –deficiencia de hierro, ácido fólico, zinc y vitamina A y B12– el 2012 se registró una proporción de 45 de cada 100 niños con este severo problema de salud pública que afecta el desarrollo cognitivo infantil, las habilidades psicomotrices y de socialización, la actividad física, y además, resta coeficiente intelectual y capacidad de aprendizaje, lo cual traerá graves consecuencias para la productividad futura del país.

Según la organización internacional Acción Contra el Hambre (ACF) afecta más de 50% de nuestros niños en edad preescolar, a 42% de madres gestantes y a 40% de mujeres en edad fértil, niveles que nos ubican como el país con mayor incidencia de anemia en Sudamérica (solo igual que Guyana) y en situación comparable a muchos países de África.

Bajo este panorama, son permanentes las advertencias de organismos internacionales sobre la grave desnutrición crónica infantil y anemia que hay en el Perú. A pesar de existir planes y proyectos de protección social así como aumentos de presupuesto y ampliaciones de coberturas de salud, estas prevalencias no disminuyen, principalmente por falta de calidad de los planes y programas, deficiente estructura de rendición de cuentas, mal monitoreo de resultados de asistencia y salud, y falta de una cultura de prevención y nutrición en la primera infancia.


Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 17 de mayo de 2014

MEDICIÓN DE LA POBREZA: OTRAS ARISTAS

El pasado día 2 el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) presentó su Informe técnico “Evolución de la Pobreza Monetaria 2009-2013”, en el cual se registra que el 2013 la pobreza monetaria se redujo 1.9% respecto a 2012 (de 25.8% a 23.9%) equivalente a que 491 mil personas abandonaron la situación de pobreza.

Mucho ha resaltado el gobierno esta reducción, y hasta el presidente Humala manifestó que se siente orgulloso por ello, sin embargo, el análisis de estas mediciones nos pueden hacer ver otras aristas sobre la situación real de la pobreza en nuestro país que abarca todavía una altísima cantidad de personas (7.3 millones), además, en 8 de 24 regiones aumentaron los niveles de pobreza.

En la medición de la pobreza del INEI el marco muestral nacional es de menos de 30 mil hogares encuestados, y para determinar la incidencia de pobreza, utiliza el método de medición “líneas de pobreza monetaria”, considerando como base 2 canastas básicas mensuales: “alimentación”, y “bienes y servicios”. La primera canasta cubre un mínimo de requerimientos de energía alimentaria, asignándosele un valor de S/.155, y la segunda, de bienes y servicios, S/.292 para cubrir todas las demás necesidades (vestido, vivienda, salud, enseres, transporte, educación y otros).

Una persona no es considerada pobre si puede cubrir el costo de ambas (S/:447), mucho menos que una remuneración mínima vital de S/.750. Asimismo, no es considerada pobre extrema si puede cubrir el valor de la alimentación (S/.155), y aun así, 1.4 millones de personas no cubren esta mínima cantidad.

Otras preocupantes aristas muestran que 48.7% de los pobres mayores de 15 años solo estudiaron algún o ningún año de primaria; la población rural representa una cuarta parte de la total pero concentra 49.3% de los pobres del país; solo la Sierra tiene 47.2% de pobres; en el área rural son pobres más del 50% de niños menores de 15 años; a nivel nacional la pobreza afecta a 35.5% de niños menores de 5 años.

Y en los hogares pobres, solo 33% tienen servicio de desagüe, 36% utilizan leña para cocinar; 13.2% utilizan velas para alumbrarse, 39% no cuenta con red pública de agua y 21.5 % usan agua de río, acequia, manantial o similar; 66.8% de viviendas tienen piso de tierra y 47% paredes de adobe o quincha.

Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 10 de mayo de 2014


PROGRAMAS SOCIALES Y MEDICIÓN DE POBREZA

Se ha desatado en nuestro país un gran debate sobre la conducción y eficacia de la política social y programas sociales del gobierno, especialmente en zonas rurales, vulnerables, y de riesgo, donde ronda la pobreza, hambre, miseria y desnutrición. La evaluación de la gestión social se logra midiendo la pobreza, la cual, según la ministra de Desarrollo e Inclusión Social (Mides), Mónica Rubio, no hay consenso sobre la mejor manera de hacerlo.

El Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) la mide usando el método de “pobreza monetaria” considerando el gasto de los hogares y no el ingreso, es decir, mide la capacidad de compra pero no el consumo efectivo de bienes. Según esta medición, una persona es pobre si no puede adquirir una “canasta básica alimentaria” (mínimo requerimiento de energía sin considerar otras necesidades primarias) bajo la “línea de pobreza” equivalente a S/. 284 mensuales, sin embargo, con un sol más, S/. 285 (S/. 9.50 diarios), no es pobre, y si gasta menos de S/. 151 es pobre extremo, pero con un sol más, S/. 152  (S/. 5.06 diarios), ya no lo es.

Los porcentajes de ésta desfasada medición no reflejan la realidad porque no evalúa el desarrollo social, actualmente existen 7.8 millones de pobres, sin embargo, según medición de la Universidad del Pacífico empleando el método multidimensional habrían 11.9 millones, o con una medición estructural, que estaría empleando el Mides, llegaría a casi 13 millones.
  
Bajo este panorama en marzo de 2012 el INEI presentó nuevos niveles de pobreza (entre 2004 y 2010), pero mantiene el actual método de medición de “pobreza monetaria” que puede crear grandes expectativas reduccionistas de pobreza real y afectar la gestión de programas sociales en su focalización e identificación nacional, ya que no mide índices de desarrollo humano ni de oportunidades humanas, como  la desnutrición crónica infantil, o la inequitativa cobertura de acceso y calidad de servicios básicos del Estado.

Los programas sociales, aunque necesarios temporalmente para aliviar a los más necesitados, no resuelven el grave problema de nuestra elevada pobreza, especialmente en el área rural (53%) que triplica descomunalmente a la urbana (16.6%). La forma de reducirla es distribuyendo mejor la riqueza, combatiendo la desigualdad, creando empleos, mejorando la salud, educación, infraestructura y saneamiento, aumentando la remuneración mínima vital para cubrir la canasta familiar y promocionando la inversión productiva.

Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 16 de noviembre de 2013 



DESNUTRICIÓN INFANTIL: GRAVE PROBLEMA EN EL PERÚ



El pasado 15 de abril fue presentado por el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) el informe “Mejorando la nutrición infantil” según el cual en Latinoamérica y el Caribe el porcentaje de niños menores desnutridos de 5 años se redujo de 22% en 1990 a 12% en 2011, además, destaca el caso peruano que con políticas intersectoriales y consistentes desde la Iniciativa de la Desnutrición Infantil el 2006 y la Estrategia Nacional para la Reducción de la Pobreza y Oportunidades Económicas (CRECER) el 2007, de 30% entre 2004 y 2006, se redujo a 20% en 2011.

Sin embargo, advierte que por desnutrición crónica infantil hay más de medio millón de niños peruanos menores de 5 años con retraso de crecimiento. Dentro de los 9 países de Latinoamérica y  el Caribe involucrados en el informe, solo Colombia registra mayor número de niños en esta condición (595,000), y después de Perú (566,000), Venezuela (458,000), Bolivia (333,000), Nicaragua (149,000), El Salvador (121,000), República Dominicana (103,000), Panamá (66,000) y Costa Rica (20,000).

Según el INEI, el porcentaje de desnutrición crónica infantil a nivel nacional es 19.5% al 2011 y 18.1% al 2012, sin embargo, estas cifras globales no expresan la realidad de muchas regiones y zonas rurales pobres con cifras altísimas, por ejemplo, 82% de niños ashánincas sufren desnutrición crónica y en la región Loreto 33%; las regiones mineras lideran las tasas: Huancavelica (52%), Cajamarca (36%), Apurímac (31%) y Ayacucho (28%). También en el ámbito rural se registra 37%, más del triple del urbano (10.1%), y en la Sierra global 35%. Inclusive en Lima metropolitana (6.8%) es la misma tasa del 2005, donde además 111,000 niños menores de 3 años padecen de anemia.

Otro grave problema asociado es el déficit calorífico en hogares rurales con niños y adolescentes que se incrementó en 10% el 2012. Según un estudio de octubre pasado de la ONG Oxfam –en base a información del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables– más de 13 millones de peruanos (47.5%) no logran cubrir sus requerimientos nutricionales suficientes para tener una vida saludable.

Bajo este panorama, la desnutrición crónica infantil representa un grave problema en nuestro país, y debe ser resuelto con mayor convicción y celeridad, principalmente en las zonas más pobres, pues sufrida durante los primeros años de vida genera impactos irreversibles, ocasionan más y severas infecciones, menor crecimiento físico y desarrollo psicomotor aumentando el riesgo de mortalidad infantil y materna, lo cual tiene un fuerte impacto en nuestro desarrollo social y económico.  

Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 4 de mayo de 2013

PERÚ: DESIGUALDAD DE OPORTUNIDADES


El pasado día 14 el canciller peruano, Rafael Roncagliolo, inauguró en Lima la “Séptima Asamblea del Movimiento Mundial de la Democracia”. Este evento congregó a cientos de activistas sociales y personalidades de más de 118 países, entre ellos, la Premio Nobel de la Paz 2011, Tawakkol Karman. Ante tal auditórium, nuestro canciller, que representa el Estado en el ámbito internacional y debe proyectar adecuadamente la imagen del país y sus intereses nacionales, resaltó que el Perú “es uno de los países más desiguales de la región”, y que las oportunidades para los peruanos no son las mismas. Esta opinión del canciller ha sido inconveniente y adversa por el lugar y ocasión donde fue expuesta, sin embargo, por su importancia y trascendencia este asunto debería ser seriamente analizado y debatido en el país.

Según un último estudio de febrero pasado del Banco Mundial (BM) y el Grupo de Análisis para el Desarrollo (Grade), en las dos últimas décadas la pobreza se redujo en el Perú en 20 puntos, pero las brechas sociales solo en 2, es decir, hay menos pobres pero los niveles de desigualdad persisten. Esta desigualdad de oportunidades es injusta porque no depende del esfuerzo o talento de cada peruano, sino que se fundamenta en los servicios y bienes básicos que deben recibir, independientemente de factores como raza, género, ingresos económicos o lugar donde viven.

Según el director de Equidad y Reducción de la Pobreza del BM, Jaime Saavedra, “es una discriminación sistemática que viene de largo tiempo, que a algunos les parece normal”. En el Índice de Oportunidades Humanas (IOH) que mide la cobertura de herramientas básicas y equidad de oportunidades, entre los 18 países de América Latina, el Perú es más desigual. Según mediciones del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en base al coeficiente de Gini, con 0.7 nos acercamos a la perfecta desigualdad (1.0); el decil más pobre con un gasto promedio por persona de S/.100 mensuales, es 13 veces menor comparado con el más rico de S/.1,300.

Bajo este panorama el desafío principal del gobierno no debe ser solo el de crecer económicamente, sino además de distribuir adecuadamente –especialmente en el ámbito rural–, es decir, tener políticas sociales, económicas y de gestión que favorezcan en oportunidades, que erradiquen las brechas de desigualdad y que generen un mejor nivel de bienestar y calidad de vida, con acceso a servicios de agua, salud, educación, nutrición y empleo digno para todos los peruanos.

Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 20 de octubre de 2012

NIÑEZ PERUANA: AGUDAS DESIGUALDADES

Dos estudios internacionales sobre la niñez fueron publicados en febrero pasado, y coincidentemente, ambos advierten que a pesar del extraordinario crecimiento económico producido en el Perú, existe una gran desigualdad de oportunidades en la vida y proceso de desarrollo infantil. El primero de ellos, como parte del estudio “Niños del Milenio”, titulado, ¿Quién se queda atrás?, fue presentado el pasado día 8 por el Instituto de investigación nutricional (IIN) y el Grupo de Análisis para el Desarrollo (Grade), abarca el estudio de 2,800 niños de 20 localidades del país, y según el cual, no todos se están beneficiando del crecimiento económico, y la vida es mucho más difícil para niños pobres de una zona rural con padres con poca educación, o para niños de poblaciones indígenas.

El segundo estudio del Banco Mundial y el Grade, titulado: ¿Está el piso parejo para los niños del Perú?, fue presentado el pasado día 18, e igualmente concluye que a pesar del crecimiento económico, los niveles de desigualdad entre los niños de sectores urbano, rural e indígena son significativamente desiguales, siendo muchos de ellos desfavorecidos y discriminados, y peor aún, esta desigual falta de oportunidades no es circunstancial o aleatoria, sino sistemática, condicionada al lugar de nacimiento,  genero, grupo étnico o nivel socioeconómico de sus padres, aspectos que determinan sus verdaderas opciones futuras.

En este contexto, en América Latina el Perú es el más desigual en la distribución espacial de oportunidades para la niñez, marcadas por la desigual provisión de servicios básicos por grupo étnico, región y estatus económico. El 60% de niños de las zonas rurales es pobre –el triple que en zonas urbanas–, y según la Unicef, anualmente unos 6,000 recién nacidos fallecen antes del primer mes de vida. La desigualdad educativa por situación socio económica es alarmante y el acceso a la educación infantil temprana es reducido y desigual, especialmente en poblaciones rurales e indígenas. La cobertura del agua solo cubre 35% de hogares rurales, y en saneamiento 40% –la mitad que en áreas urbanas–. El acceso a la salud y atención médica es muy desigual en los sectores urbano, rural y poblaciones indígenas. El 18% de niños sufren desnutrición crónica en zonas urbanas, y 31% en zonas rurales, y asimismo, la anemia afecta al 50.3% de niños.

Bajo este panorama, en los últimos años el avance económico peruano ha acentuado la desigualdad de oportunidades entre los niños de las zonas urbanas,  rurales y poblaciones indígenas. La promoción de igualdad de oportunidades de nuestra niñez debe ser una política de Estado. Todos los  gobiernos deben seguir los mismos objetivos, estrategias y políticas y programas sectoriales con un enfoque en la familia y comunidad, con el fin de reducir la desigualdad infantil y lograr así una sociedad más justa.

Artículo de Alfredo Palacios Dongo, publicado en el diario EXPRESO, fecha 3 de marzo de 2012

NIÑEZ INDÍGENA PERUANA: POBREZA Y EXCLUSIÓN

El pasado día 19 el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) presentó su estudio “Estado de la niñez indígena en el Perú”, exponiendo la situación de pobreza y exclusión de niños y adolescentes de 3 a 17 años de nuestras etnias nativas. Aunque se han empleado datos del último Censo Nacional 2007 que consigna una población indígena de 4 millones, y de la cual el 26% (más de un millón) son niños y adolescentes de 3 a 17 años, sin embargo, se calcula que la población indígena podría sobrepasar los 8 millones, y los niños y adolescentes los 2 millones.

El estudio ha comparado a niños y adolescentes de lengua materna quechua, aymara, asháninca u otras amazónicas (denominándolos indígenas), con los de lengua castellana concentrados en zonas urbanas (hispano-hablantes). En ambos grupos la pobreza y exclusión es muy alta, pero realmente preocupa la cruda realidad reflejada en los primeros. El 78% vive en situación de pobreza, y el 45% en pobreza extrema. En los niños amazónicos, la pobreza alcanza 86% y la extrema 49%. La niñez quechua es similar, 46% vive en extrema pobreza. Las mayores proporciones de pobreza de niños indígenas se concentran en Huancavelica (82%), Apurímac (76%), Ayacucho (72%) y Puno (67%), y su desnutrición crónica está por encima del promedio nacional.

Su acceso al agua potable y saneamiento es mínimo, ocasionando agudas enfermedades que inciden sobre la mortalidad infantil. Recordemos que el 26 de julio pasado, la Asamblea General de la ONU adoptó su resolución A/64/L.63 declarando el derecho al agua potable y al saneamiento como derecho humano esencial. Además, en las 20 provincias con mayor proporción de niños indígenas hay una escasa disponibilidad de servicios de salud.

Solo el 32% asiste a una escuela, y más de la mitad de escuelas primarias no cuentan con electricidad, agua y desagüe. El 96% no ha logrado aprendizaje en comprensión de textos, según evaluación de 2008, y la principal causa del retiro de los estudios es la situación económica. En derecho a la identidad, según estudio de 2009 del Banco Mundial, la mayor proporción de niños y adolescentes indocumentados en el país son indígenas.

Bajo este panorama, es muy incipiente la presencia del Estado para mejorar la calidad de vida de nuestros pueblos indígenas. Es responsabilidad del gobierno velar por su desarrollo social, económico y humano, así como reducir la pobreza y garantizarles los servicios de agua potable, saneamiento, salud y educación, principalmente de niños y adolescentes, quienes están más expuestos a situaciones vulnerables.

Publicado en el diario EXPRESO, fecha 28 de agosto de 2010

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