MARINA MERCANTE NACIONAL: REACTIVACIÓN ANCLADA

A principios de la década de los 80 nuestra marina mercante, que contaba con más 60 naves, estaba catalogada entre las mejores de América Latina, pero en la década de los 90 durante el gobierno de Fujimori quebró y virtualmente desapareció por liberación de cargas e incremento de gravámenes para la compra de naves, sin haberse implementado políticas para su futuro desarrollo. 

A partir del año 2000 los gobiernos de Alejandro Toledo y Alan García, prometieron la reactivación de la flota mercante, sin embargo, no tuvieron la voluntad política para realizarla.

El ex presidente Toledo durante la última semana de su gestión (22 de julio 2005), se limitó a promulgar la Ley 28583 de “Reactivación y Promoción de la Marina Mercante Nacional”, dirigida a apoyar las empresas navieras nacionales para su participación competitiva en el transporte marítimo mundial.

En el gobierno del ex presidente Alan García, el 15 de diciembre 2009, el Congreso promulgó una nueva Ley 29475 modificatoria –que el Ejecutivo había observado– básicamente en plazos de operación y regímenes de importaciones y tributarios. Finalmente, después de 6 años de promulgada la Ley 28583 fue aprobado su reglamento el 15 de abril 2011.
  
También el actual presidente, Ollanta Humala, desde su primer mensaje el 28 de julio 2011, ha prometido la “reconstrucción de una verdadera marina mercante para ejecutar lo que dispone la Ley para su reactivación y promoción”, pero ha pasado más de un año y no se avizora el inicio de un proceso para su reactivación, que de manera incomprensible se encuentra anclado desde hace más de 12 años.

Bajo este panorama, el gobierno y los actores políticos deberían analizar las ventajas de una flota mercante nacional, entre ellas:

1) Elevada importancia estratégica por nuestra ubicación en la cuenca del Pacífico y ser, entre 21 países, miembro de la APEC, zona que cubre el 56% del PBI mundial y 46% del comercio marítimo global;

2) Movilización en naves propias del 90% de cargas de exportación. En el 2011 el tráfico de contenedores en el Perú ascendió a 1'805,000;

3) Ahorro de US$ 2,000 millones anuales pagados por fletes a compañías navieras extranjeras, principalmente chilenas, que dominan la carga de contenedores en el Perú;

4) Generación de miles de puestos de trabajo para personal calificado, en empleos indirectos, y para miles de nuestros marinos mercantes;

5) Integración del cabotaje marítimo al sistema vial y fluvial; 

6) Desarrollo de la industria de construcción y reparación naval; y

7) En seguridad nacional, contar con buques de reserva naval.

Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 25 de agosto de 2012

PERÚ: DEBE FOMENTARSE EL CABOTAJE

El antiguo término cabotaje alude a la navegación costera desde un punto geográfico notable a otro, navegando de “cabo a cabo”, pero actualmente se emplea para designar a las naves que realizan el tráfico de mercancías entre puertos de un mismo país. Nuestra inmejorable ubicación geográfica con un extenso litoral de más de 3,000 kilómetros y con el principal puerto en el Callao, ubicado en la zona central del país, permitiría presumir que el tráfico de mercaderías se debería efectuar mayoritariamente por mar entre este y los puertos del norte y sur, y de allí, vía terrestre o ferroviaria para la penetración y salida de mercancías al interior del país. 

Sin embargo el transporte de mercaderías por cabotaje es inexistente en el Perú, lo cual constituye un grave error. Todo este transporte se realiza vía terrestre con camiones; por cabotaje marítimo solo se transportan hidrocarburos en alrededor de una docena de buques tanqueros-petroleros y gaseros, y de las únicas tres naves con bandera nacional del Servicio Naviero de la Marina: BAP Bayovar, BAP Zorritos y BAP Noguera.

El transporte terrestre, desde el punto de vista de economía de escala es 25% más caro que el de cabotaje a partir del traslado de volúmenes de carga sobre las 900 toneladas y distancias mayores de 500 kilómetros –incrementándose hasta 50% sobre los 2,000 kilómetros–; además de su menor rendimiento, presenta informalidad, inseguridad, ineficiencia y produce congestión y contaminación. El cabotaje generaría mayor competencia en este mercado, no obstante, se podrían implementar nuevos servicios, como el Roll-on Roll-off, trasladando camiones con contenedores o mercaderías en los buques y recogiéndolos después en el lugar de destino, disminuyéndose el costo de transferencia intermodal.

A pesar que desde el 2005 contamos con la ley de Reactivación y Promoción de la Marina Mercante Nacional (ley 28583), con una modificatoria (ley 29475-diciembre 2008), con normas tributarias (DS 167-agosto 2010) y con el reglamento de la ley (DS 014-abril 2011) –que incluyen normas para desarrollar el cabotaje–, lamentablemente no se ha iniciado la reactivación de la flota mercante nacional, indispensable para desarrollar el cabotaje marítimo.

Bajo este panorama, por razones geográficas, económicas, operativas, de seguridad y como reserva naval, deberíamos fomentar el cabotaje marítimo, el cual no genera las externalidades negativas del transporte terrestre y ahorraría costos a los operadores y baja de tarifas a los clientes. Se requiere que navieros o empresas navieras nacionales arrienden o adquieran naves para iniciar la reactivación de nuestra flota mercante y permita abanderar en el Perú naves de cabotaje, y asimismo, que el gobierno mejore la infraestructura de los puertos e instalaciones portuarias, así como las conexiones viales desde la costa hacia el interior del país.

Publicado en el diario EXPRESO, fecha 15 de octubre de 2011

NUESTRA MARGINADA MARINA MERCANTE

El Presidente de la República Ollanta Humala durante su mensaje en el Congreso el pasado 28 de julio manifestó: “Reconstruiremos una verdadera marina mercante del Perú para ejecutar lo que dispone la ley de reactivación y promoción de la marina mercante nacional”. Nuestra marina mercante terminó de colapsar durante el gobierno del ex presidente Fujimori con la dación de los decretos legislativos 644 y 683 del 22 de junio y 2 de noviembre de 1991, respectivamente, los que liberaban el acceso a las cargas y grababan los aranceles para la adquisición de naves oceánicas, sin embargo, a pesar que iba a afectarse la flota no se implementaron las políticas requeridas para su futuro desarrollo.

Durante los dos últimos gobiernos de los ex presidentes Toledo y García, a pesar que prometieron promover su reactivación no tuvieron la visión de futuro de estadista ni la voluntad política para realizarla. Por tal motivo nuestra marina mercante se encuentra en la peor crisis de su historia, no obstante que nuestro comercio marítimo representa el 90% del comercio exterior y capta casi el total de divisas de nuestra producción, y asimismo, poseemos un litoral de 3,079 km y nuestro Mar de Grau con 1’140,646 km2 que nos vinculan estratégicamente con la cuenca del Pacífico, que representa el 55% del PBI mundial y 3 mil millones de consumidores.

Al final del gobierno de Toledo, el 22 de julio de 2005, fue promulgada la ley 28583 “Ley de Reactivación y Promoción de la Marina Mercante Nacional” para apoyar a las empresas navieras nacionales para que participen competitivamente en el transporte marítimo mundial, pero nunca fue reglamentada. En el gobierno de García se argumentó su falta de claridad en incentivos económicos y tributarios, y así, el 17 de diciembre de 2008 se promulgó una nueva ley 29475 modificando la anterior (28583), en plazos de operación y regímenes de importaciones y tributarios, pero tampoco fue reglamentada.

Bajo este panorama, la ley de reactivación de la marina mercante que ha referido el presidente Humala en su mensaje, como base para reconstruir nuestra flota, tiene más de 6 años de promulgada e increíblemente no ha sido reglamentada. Esperemos que el actual gobierno priorice esta acción para que la ley alcance el objetivo planteado y sea aplicada a corto plazo.

Una vez reactivada nuestra marina mercante, el Estado dejará de pagar entre US$ 2,000 y US$ 3,000 millones anuales por fletes a naves de bandera extranjera, asimismo, contaremos con una reserva naval estratégica, se incentivará la construcción de naves en el Servicio Industrial de la Marina (SIMA), y nuestros más de 1,200 oficiales egresados de la Escuela Nacional de Marina Mercante (ENAMM), que están obligados a trabajar en buques extranjeros,  podrán hacerlo en nuestra flota mercante nacional.

Publicado en el diario EXPRESO, fecha 20 de agosto de 2011

MARINA MERCANTE: VIENTO EN CONTRA

El actual gobierno se comprometió en su Plan de Gobierno de febrero de 2006 a “Promover la formación de una flota mercante nacional marítima, fluvial y lacustre con presencia del sector privado, que apoye el desarrollo y la seguridad nacional” (art. 352), sin embargo, a pesar de tratarse de un tema de interés y trascendencia nacional no le ha dado la importancia del caso y el proceso de relanzamiento de nuestra Marina Mercante, en lugar de tener viento a favor lo ha tenido en contra. Esta situación se refleja claramente en que la Ley 28583 “Ley de Reactivación y Promoción de la Marina Mercante Nacional” en vigencia desde el 22 de julio de 2005 –hace más de 5 años– no ha sido hasta la fecha reglamentada, motivo por el cual no puede ser aplicada.
                                            
Dicha ley promueve la reactivación de la Marina Mercante marítima, fluvial y lacustre; apoya a los navieros y empresas navieras nacionales; impulsa la construcción y reparación naval; y otorga exclusividad del cabotaje para buques de bandera peruana. El asunto es que al no contarse con una flota mercante, nuestro comercio exterior –el 95% es trasladado vía marítima– nos obliga al empleo de naves de bandera de conveniencia que nos originan pagos de fletes a empresas extranjeras por alrededor de US$ 2 mil millones anuales.

Durante este gobierno se han presentado muchas marchas y contramarchas. Casi un año después de promulgada la ley de reactivación de la Marina Mercante, el Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) publicó en su página web, en mayo de 2006, el proyecto de Reglamento, para recibir sugerencias y comentarios de la ciudadanía, pero a los pocos días fue retirado. En febrero de 2007, la Célula Parlamentaria Aprista propuso –a pesar de que ya existía la ley– una nueva reactivación de la Marina Mercante. El 5 de junio de 2009 el Congreso aprobó la ley 29475 –que modifica la ley original– siendo observada por el Ejecutivo, pero 5 meses después –el 17 de diciembre– fue promulgada por el Congreso. El 7 de agosto de 2010, con DS 167-EF, se dictaron nuevas disposiciones tributarias. Por último, el pasado 25 de noviembre, el MTC con RM 546 recién dispone –por segunda vez– la publicación del proyecto de Reglamento en su página web, pero hasta la fecha no se cumple.

Bajo este panorama, a pesar de que nuestro país cuenta con un litoral de 3,079.5 km, y un “Mar de Grau” cuyo dominio marítimo ocupa un área geográfica de aproximadamente 1’200,000 km2, la Marina Mercante continúa anclada en la historia, debido fundamentalmente a que el Estado no ha aquilatado su valor geoestratégico y geopolítico como elemento vital para el desarrollo del país, y como reserva naval para la defensa nacional.

Publicado en el diario EXPRESO, fecha 18 de diciembre de 2010

REZAGADA REACTIVACIÓN DE NUESTRA FLOTA MERCANTE

El pasado día 17 se publicó en las normas legales del Diario oficial la Ley N° 29475, la cual a pesar de su importancia ha pasado inadvertida. Se trata de una ley que modifica la Ley N° 28583 del 22 de julio de 2005 “Ley de Reactivación y Promoción de la Marina Mercante Nacional” que desde fines del gobierno anterior estuvo increíblemente paralizada por más de 4 años, a pesar que uno de los diez objetivos más importantes del Plan de Gobierno aprista 2006-2011 en “Infraestructura para el Desarrollo e Integración Nacional” consideraba promover la formación de una flota mercante.

Recordemos que en la década de los 80 nuestra Marina Mercante era catalogada de las mejores de Sudamérica, teníamos 64 buques de alto bordo con una capacidad de 1’160,000 TM surcando el mundo. Pero a inicios de los 90 al eliminarse la reserva de carga y exoneraciones para importar buques ocasionó que entre 1991 y 1995 la flota mercante desapareciera, y desde hace más de 14 años nuestro comercio exterior depende de buques extranjeros, especialmente chilenos.

Esta nueva ley 29475 modifica la ley original 28583 en diez artículos y le adiciona otros ocho que consideran fundamentalmente lo siguiente: 1) La promoción del desarrollo de empresas navieras nacionales con buques nacionales; 2) Plazos indefinidos en permisos de operación para ejercer actividades de transporte marítimo, fluvial y lacustre; 3) Exclusividad del transporte nacional (cabotaje) a naves peruanas; 4) Por razones de seguridad y defensa nacional, alto interés público y conveniencia nacional, 25% del transporte de hidrocarburos en cabotaje estará reservado para buques de la Marina; 5) Buques de navieras nacionales tendrán dotaciones 100% peruanas; 6) Mayores incentivos para la construcción de naves mercantes nacionales; y 7) Modificaciones al régimen de importación de naves y tributarios para incentivar a navieros y empresas nacionales a adquirir naves.

Bajo este panorama, se espera que la reglamentación de esta ley no se vuelva a retrasar por años –su plazo de 60 días calendarios se cumple el 17 de febrero de 2010– con el fin de iniciarse el proceso de desarrollo de nuestra Marina Mercante para que el Estado deje de pagar alrededor de US$ 3,000 millones anuales por fletes y asimismo, permitirnos contar con una reserva naval estratégica, generación de más puestos de trabajo, la reactivación de los astilleros del Servicio Industrial de la Marina (SIMA) y construcción de nuevos astilleros, el impulso del desarrollo tecnológico marítimo y aumento de la conciencia marítima nacional.

Publicado en el diario EXPRESO, fecha 26 de diciembre de 2009

¿Y LA REACTIVACIÓN DE LA MARINA MERCANTE?

El 22 de julio de 2005 fue publicada en las normas legales del Diario Oficial la Ley N° 28583, “Reactivación y Promoción de la Marina Mercante Nacional”. Por la necesidad de su urgente aplicación, se dispuso su reglamentación en un plazo no mayor a 60 días calendario, el cual se cumplió el 22 de setiembre de 2005 –hace dos años y medio– sin embargo, inexplicablemente hasta la fecha no ha sido concluido, pese a que para su elaboración se constituyó un Comité de Trabajo Multisectorial integrado por representantes de los ministerios de Transportes y Comunicaciones, Economía y Finanzas, Turismo y Comercio Exterior y Defensa. La falta de dicho reglamento impide iniciar el proceso de reactivación de la Marina Mercante.

Extrañamente desde su promulgación, esta ley ha recibido varias propuestas de modificaciones argumentándose su difícil aplicación por la falta de claridad en los incentivos económicos y tributarios. Por este motivo los retrasos continúan y a pesar de su importancia y trascendencia para el crecimiento, desarrollo y seguridad del país, no es debatida, aumentando el riesgo de que permanezca encarpetada.

Sin embargo, dicha ley incluye aspectos fundamentales para la reactivación de la Marina Mercante. Entre otros dispone que: 1) Mientras no existan naves mercantes de bandera peruana, las de bandera extranjera fletadas serán operadas únicamente por navieros nacionales; 2) El cabotaje es exclusivo para armadores y navieros peruanos; 3) Se brindan beneficios estatales para buques de navieras nacionales con mayoría de accionistas y directores peruanos; 4) Los buques, repuestos y accesorios que se importen e incidan en la reactivación, tendrán regímenes aduaneros especiales y eliminación de restricciones legales y administrativas; 5) Obligación de las empresas navieras que su Capitán y un mínimo de 80% de tripulantes sean peruanos; y 6) Apoya la industria de la construcción y reparación naval y servicios conexos, así como a la Marina Mercante fluvial.

Es importante reiterar que mientras no contemos con una flota mercante, nuestro comercio exterior continuará dependiendo exclusivamente de buques con bandera extranjera, ocasionando un gasto anual de US$ 1,000 millones por pago de fletes, con los que paradójicamente financiamos empresas navieras de otros países, especialmente chilenas.

Uno de los diez objetivos del Plan de Gobierno aprista 2006-2011 “Infraestructura para el desarrollo e integración nacional” promueve la formación de una flota mercante, sin embargo no demuestra la decisión política para su reactivación y promoción.

El gobierno debería considerar que el desarrollo de nuestra Marina Mercante será fundamental para: 1) Mejorar el comercio exterior, generar nuevos puestos de trabajo y eliminar el pago de fletes; 2) Aumentar los ingresos de la caja fiscal y las cuentas de servicios de la balanza comercial; 3) Incrementar la demanda de construcciones y reparaciones navales, de servicios portuarios y marítimos y la oferta de bodegas y servicios de transferencia de carga; y 4) En el aspecto de seguridad nacional, contar con buques de reserva naval.

Publicado en el diario EXPRESO, fecha 23 de febrero de 2008

PARALIZADA REACTIVACIÓN DE LA MARINA MERCANTE

Nuestro país, con grandes necesidades de transporte marítimo debido a que el 90% del comercio exterior se efectúa por este medio, inexplicablemente, desde hace más de 10 años, carece de una flota nacional (como referencia, la Marina Mercante chilena cuenta con 80 buques con una capacidad de carga de 900 mil toneladas y, la ecuatoriana, con 40 buques y 400 mil toneladas).

Después de muchos proyectos de ley presentados desde 1998, el 23 de junio 2005 se promulgó la Ley 28583 “Ley de Reactivación y Promoción de la Marina Mercante Nacional”, siendo publicada en el Diario Oficial el 22 de julio. A pesar de que la primera disposición transitoria y final dispone su reglamentación en un plazo de 60 días calendario –vencido desde el 22 de setiembre 2005– aún no contamos con dicho reglamento, ocasionando que el proceso de reactivación y desarrollo de nuestra Marina Mercante se encuentre paralizado.

El asunto está en que dicha ley, tal como ha sido promulgada, podría requerir de modificaciones por presentar una serie de aspectos que dificultan su reglamentación. Entre otros, se señalan los siguientes: 1) La ley indica que el pabellón peruano no puede ser adoptado como bandera de conveniencia, lo cual imposibilita una captación tributaria, además de impedir que se muestre navegando por los mares del mundo. 2) En contraposición al objetivo y finalidad de la ley, las exoneraciones tributarias no favorecen a la industria de la construcción y reparación naval y a sus servicios conexos. Asimismo, no se encuentran definidos sus ámbitos de aplicación y no se identifican ni desarrollan los mecanismos de promoción 3) Para el caso de la Marina Mercante fluvial y la Amazonía, no se establece ningún mecanismo ni se dispone la implementación de reglas que permitan materializar su preservación, desarrollo y fomento.

El gobierno debería priorizar la reactivación de nuestra Marina Mercante ya que mientras no contemos con una flota propia las consecuencias económicas seguirán siendo nefastas para el país. El hecho de depender de buques con bandera extranjera para todo nuestro comercio exterior, genera un gasto anual de aproximadamente US$ 1,000 millones por pago de fletes marítimos, con los que, paradójicamente, financiamos las empresas navieras de los países vecinos, en especial las chilenas. Asimismo, dejamos de percibir enormes ingresos por servicios administrativos –costos notariales, de registro público, matrículas, certificados, etc.– y también debido a que los buques extranjeros no usan nuestros astilleros.

En el aspecto estratégico, además, sin Marina Mercante no contamos con buques para la Reserva Naval, los cuales son necesarios en situaciones de conflicto, para movilizaciones a través del transporte de tropas, materiales y abastecimiento logístico a los teatros de operaciones. Asimismo, en caso de desastres naturales, para Defensa Civil, mediante puentes marítimos en apoyo a las poblaciones afectadas.

Publicado en el diario EXPRESO, fecha 19 de mayo de 2007

MARINA MERCANTE ENTRAMPADA

En la década de los 80 nuestra Marina Mercante estaba catalogada entre las mejores de América del Sur. Contábamos con 64 buques de alto bordo -con una capacidad de 1.160.000 TM- que navegaban con nuestro pabellón nacional.

A inicios de los 90, además de eliminarse la reserva de carga peruana y las exoneraciones para importar buques, se liberó totalmente la actividad naviera, ocasionando que entre 1991 y 1995 la flota mercante desaparezca. Esta situación ha ocasionado que desde hace más de diez años nuestro comercio exterior dependa de buques extranjeros y que ninguna empresa naviera nacional haya podido adquirir un solo buque.

Esta grave crisis impulsó, desde 1998, la presentación de muchos proyectos de ley para desarrollar la Marina Mercante Nacional, sin embargo, recién el 22 de julio de 2005 se promulgó la ley N° 28583 -Ley de reactivación y promoción de la Marina Mercante Nacional- cuyo enfoque principal como política naviera del Estado se orienta a apoyar a los navieros y empresas navieras nacionales para su participación competitiva en los mercados mundiales.

Esta ley ordena su reglamentación en un plazo de 60 días, el cual venció el 23 de setiembre de 2005 -largamente más de un año- pero el reglamento aún no aparece. Existe un Comité de Trabaja Multisectorial constituido para redactar dicho reglamento, integrado por representantes de transportes y comunicaciones, turismo y comercio exterior, economía y finanzas y defensa, el cual habría encontrado serias dificultades para reglamentar una ley que no garantiza que su objetivo y ámbito de aplicación incentiven la reactivación de la Marina Mercante. Esta situación podría obligar a la modificación de la ley, lo cual requeriría de plazos más amplios.

Dentro de todo este entrampamiento y mientras no contemos con una Marina Mercante, nuestro país continuará usando buques de bandera extranjera lo que significa inmensos pagos de divisas al exterior por fletes, aproximadamente de US$ 1,000 millones anuales. Además, seguiremos dejando de percibir enormes ingresos que pagarían los buques nacionales por trabajos en astilleros y talleres navales, registros, matrículas y certificados, y nuestros marinos mercantes -pagados por el Estado y preparados por la Escuela Nacional de Marina Mercante- trabajarían en nuestros buques y no en buques extranjeros como es actualmente.

Publicado en el diario EXPRESO, fecha 17 de diciembre de 2006

LA LEY 28583 Y EL FUTURO DE NUESTRA MARINA MERCANTE

El comercio marítimo representa para nuestro país el 95 % del comercio exterior y, por lo tanto, es el que permite la captación del casi total de las divisas que podemos generar con nuestra producción y de las cuales depende en gran parte la vida nacional.

Recordemos que a principios de los 80’ nuestra Marina Mercante estaba considerada entre las mejores de América Latina: Contaba con más de 65 buques de alto bordo, con una capacidad de carga de 1´100,000 toneladas, y su operación producía considerables ingresos económicos para el país. Sin embargo, actualmente, no contamos con una flota de buques mercantes. La crisis se evidencia a partir de los años 80’ con la debacle de la Corporación Peruana de Vapores (CPV), acentuándose con la promulgaron de los Decretos Legislativos 644° del 22 de junio 1991; y 683° del 2 de noviembre 1991, los cuales liberaron el acceso a las cargas y gravaron en 30% los costos de adquisición de buques, desalentando a los inversionistas peruanos.

Debido a esta situación, actualmente nuestro transporte de comercio exterior depende casi en 100% de buques con bandera de conveniencia (bandera de un buque cuyo propietario es de otro país pero utiliza el registro de buques de la nación que le da máximas ventajas fiscales y le exige mínimos compromisos). Igualmente, el transporte de hidrocarburos en tráfico nacional o cabotaje, es efectuado por cuatro buques/tanques adquiridos por una empresa chilena a Petroperú en 1992, contraviniéndose todas las medidas estratégicas de seguridad.

En este contexto, el 22 de julio de 2005 entró en vigencia la Ley N° 28583 sobre la “Reactivación y Promoción de la Marina Mercante”, con el objetivo de apoyar a empresas navieras nacionales para participar competitivamente en los mercados mundiales de transporte acuático. Entre sus disposiciones más importantes se pueden resaltar: la promoción de la construcción naval, que incluye a empresas públicas autorizadas como el Servicio Industrial de la Marina (SIMA); la exención de impuestos en la venta de combustibles para buques de bandera nacional; la exigencia de que por lo menos 51% del capital de la empresa sea de propiedad nacional; la exclusividad del comercio nacional o cabotaje para buques de bandera peruana, quedando reservado, hasta en un 25%, el transporte de hidrocarburos para los buques de la Marina, por razones de seguridad y defensa nacional; y, además, el fomento de la Marina Mercante fluvial para beneficio de la Amazonía peruana.

Pero, paradójicamente, a pesar que esta importante ley entró en vigencia el 22 de julio de 2005, no ha sido aún reglamentada por la Dirección General de Transporte Acuático (DGTA), a pesar de que el plazo de 60 días calendario venció largamente el 21 de setiembre 2005. Así, que por negligencia, descuido, despreocupación u otro motivo que desconocemos, la falta del texto del reglamento está ocasionando un retrazo inconveniente en la aplicación de esta esperada ley.

El próximo gobierno debería considerar como objetivo nacional el impulso de nuestra Marina Mercante, para lograr, en el futuro próximo, que barcos con bandera peruana surquen los mares del mundo, evitándose el pago anual de US$ 1´200,000 por conceptos de fletes a empresas chilenas, adicionándose el percebimiento de alrededor de US$ 200 millones anuales por tributos que no se cobran a buques de bandera de conveniencia, y, asimismo, integrando el cabotaje marítimo a nuestro sistema vial, el cual, por los volúmenes de carga que puede trasladar, representa un costo del 25% menor que el del transporte terrestre.

Publicado en el diario EXPRESO, fecha 9 de febrero de 2006

NUESTRA MARINA MERCANTE EN LA CRISIS MÁS GRAVE DE SU HISTORIA

La Marina mercante de un país está constituida por el conjunto de empresas navieras de transporte de mercancías que realizan tráfico internacional o de cabotaje (tráfico en el litoral del país), pero desde hace más 10 años, el Perú no cuenta con una flota de buques que flameen el pabellón nacional por nuestro mar o por mares internacionales, a excepción de dos buques de la Oficina Naviera Comercial de la Marina de Guerra, (BAP. “TALARA” y el BAP. “LOBITOS”), así como una motonave perteneciente a la Naviera Maynas que navega desde el Amazonas hasta el Golfo de México y se dedica a transportar productos forestales de exportación de la amazonía.

El comercio marítimo representa para nuestro país el 95 % del comercio exterior y por lo tanto es el que permite la captación del casi total de las divisas que podemos generar con nuestra producción y de las cuales depende en gran parte la vida nacional, sin embargo, actualmente, por el hecho de no contar con dicha flota, nuestra Balanza de Pagos y el Producto Bruto Interno (PBI) se ven sensiblemente afectados.

La crisis de nuestra Marina Mercante Nacional se evidencia a partir de los años 80’ con la debacle de la Corporación Peruana de Vapores (CPV) y en los 90’ se presentó prácticamente su quiebra con la eliminación de la reserva de carga y la apertura del mercado naviero al tráfico internacional.

A principios de la década de los 80’ nuestra Marina Mercante estaba catalogada entre las mejores de América Latina, contaba con más de 65 buques de alto bordo con un promedio de 10 a 12 años de servicio y que representaban una capacidad de carga de 1´160,000 toneladas. La operación de esta flota mercante producía considerables ingresos económicos para el país y asimismo, brindaba miles de puestos de trabajo para los peruanos.

Esta flota de 65 buques fue disminuyendo paulatinamente, es así que en solo 5 años, el año 1985, se vio reducida de 65 a 59 buques disminuyendo la capacidad de carga a 900,000 toneladas. En la década de los 90’ se agravó aún más la situación debido a que como parte de la liberalización del mercado, la Comunidad Andina comenzó a tratar el asunto de los cargamentos transportados en la región y la reserva de carga, en el sentido de abrirse la posibilidad de que la carga de un país pueda ser transportada por buques de otros países. A inicios de 1990, se promulgó la decisión N° 288 de esta Comunidad, en la cual se disponía un plazo de 90 días para eliminar dichas restricciones. La situación se complicó aún más, cuando se promulgaron en el país los Decretos Legislativos N° 644° de fecha 22 de junio de 1991 y el 683° de fecha 2 de noviembre de 1991, los cuales liberaron el acceso a las cargas y asimismo gravaron con aranceles del 12% y el 18% del IGV sobre el valor de compra de naves oceánicas de más de dos mil toneladas. Debido a que dichos tributos eran acumulativos, la importación de naves de alto bordo para el transporte de hidrocarburos, gas, contenedores y multipropósito aumentaban su costo en más del 30% sobre el precio total, lo cual desalentó a los inversionistas peruanos a importar naves para ser utilizadas en el comercio exterior. Asimismo, en febrero de 1992 se promulgó la decisión N° 314 de la Comunidad Andina, en la que se garantizaba la libertad de acceso y carga.

Sin embargo, a pesar que en el país comenzaron a adoptarse todas estas medidas de carácter contraproducente para nuestra Marina Mercante, lamentablemente no se implementaron políticas adecuadas para su debido desarrollo futuro.

En este mismo año 1992, PETROPERÚ vendió a precio de remate los Buques/Tanques CAPAHUARI, PAVAYACU, BARRETO, ANDOAS Y SAMIRIA a una empresa chilena. La condición de los compradores era que dichos buques debían continuar efectuando servicio de cabotaje interno en nuestro litoral, es decir, transportar combustibles desde los puertos de carga de Talara, Conchán, Bayóvar y La Pampilla hasta los puertos de descarga de Eten, Salaverry, Chimbote, Supe, Callao, Pisco, San Nicolás, Ilo y Tablones, contraviniéndose todas las medidas estratégicas de seguridad de los puertos peruanos. En la mayoría de los servicios de cabotaje del mundo, por razones de seguridad, se emplean solamente buques de bandera nacional y asimismo, cuando buques de bandera extranjera van a recalar entre dos puertos nacionales, están prohibidos de llevar carga.

Del mismo modo, se fomentó el crecimiento de empresas navieras extranjeras especulativas que no requieren invertir en el país, teniendo como único negocio el poder subarrendar “buques con bandera de conveniencia” de segundo o tercer orden (Bandera de conveniencia significa el pabellón que enarbola un buque cuyo propietario es de otro país, pero que utiliza el registro de buques de la nación que le da mayores ventajas fiscales y le exige menores compromisos). Su empleo son bajo todo punto de vista negativos ya que a diferencia de los buques con pabellón nacional, los buques con bandera de conveniencia, para su adquisición no pagan aranceles, impuestos selectivos como el IGV ni impuestos extraordinarios a los activos netos; adquieren el combustible liberado de impuestos; no pagan impuestos por compras, servicios de reparaciones, mantenimiento ni por trabajos de dique para reparaciones mayores, no emplean tripulación peruana y asimismo, n
· o constituyen una Reserva Nacional en casos de cualquier contingencia.

El Perú actualmente depende casi en un 100% del empleo de estos buques con bandera de conveniencia para el transporte de su comercio exterior. Las cargas de exportación (minerales, diferentes concentrados, harina de pescado, etc.) e importación (graneles, trigo, maíz, soya, fertilizantes, etc.) se movilizan actualmente por vía marítima a través de buques pertenecientes a empresas extranjeras, principalmente chilenas. Estas empresas no tienen ningún arraigo con el país, no tributan, no generan empleo, no aportan al PBI y además ocasionan la salida de una gran cantidad de nuestras divisas, ya que el Estado peruano se ve obligado a pagar anualmente al exterior más de US$ 1´000,000 por concepto de fletes. Igualmente, esta legislación facilitó que muchas empresas navieras nacionales puedan obtener licencias de autorización para fletar y operar naves en tráfico internacional, en tráfico de cabotaje y operación en bahía, facilitando contratos especulativos, lo cual dista mucho de reunir las condiciones y exigencias de un armador formal con las implicancias de una empresa naviera debidamente constituida.

Debido a todo este negativo proceso descrito que afectó profundamente a nuestra Marina Mercante, en solo dos décadas, de los 65 buques con que contábamos en 1980, se redujeron en el año 2000 a una flota de 4 buques, viéndose disminuida la capacidad de carga de 1’160,000 hasta una ínfima de 62,000 toneladas. Es importante indicar que, por ejemplo, la Marina Mercante chilena cuenta con una flota de 80 buques de bandera nacional con una capacidad de carga de alrededor de 900,000 toneladas y la Marina Mercante ecuatoriana cuenta con 40 buques con una capacidad de carga de más de 400,000 toneladas.

Sin embargo, a pesar de que nuestra Marina Mercante Nacional se encuentra en la peor crisis de su historia, en este desolador panorama descrito, se ha abierto la posibilidad de su reactivación en el mediano y largo plazo.

Es así que el día 20 de junio del presente año el Congreso de la República aprobó el proyecto de ley referido a dicha reactivación, el cual fue sancionado por mayoría, siendo promulgada, el día 22 de julio, la Ley N° 28583 “Ley de Reactivación y Promoción de la Marina Mercante Nacional”, disponiéndose, entre las medidas más importantes, las siguientes:

1.- Mientras no existan naves mercantes de bandera peruana y siempre que sean operadas únicamente por navieros nacionales durante un periodo no mayor a 6 meses, se permite el fletamento de naves de bandera extranjera para efectuar transporte acuático comercial en tráfico nacional entre puertos peruanos.

2.- El Cabotaje queda integro en favor de los armadores y navieros peruanos en exclusiva, el transporte internacional marítimo fluvial y lacustre solo dará beneficios estatales para los buques de las navieras peruanas con un capital no menor del 51% y con mayoría de accionistas y directores peruanos.

3.- Se establece un régimen aduanero especial de importación temporal de las naves, sus partes integrantes y accesorios, incluidos motores, equipos de navegación y repuestos en general hasta por un periodo de 5 años, sin los requisitos de otorgar garantía alguna ni de aplicación de intereses compensatorios previstos en la Ley General de Aduanas.

4.- Se eliminan todas las restricciones legales y administrativas que impidan o limiten la compra de naves destinadas a la reactivación y al desarrollo de la Marina Mercante Nacional. Para efectos tributarios del IGV, se considera como exportación a los servicios de transporte de pasajeros y/o mercancías que los Navieros Nacionales o Empresas Navieras Nacionales realicen desde al país hacia el exterior, entre otros aspectos.

5.- Las empresas navieras deben contar con por lo menos un 80% de tripulantes de nacionalidad peruana.

Es importante resaltar que la aplicación de esta nueva ley de reactivación y promoción de la Marina Mercante Nacional, permitirá iniciar un proceso en el que los resultados se verán más adelante. Para la reconstrucción de esta flota los empresarios peruanos deberán invertir alrededor de US$ 500 millones en los próximos años. Al principio contaremos con una flota pequeña, pero paulatinamente crecerá y permitirá a los exportadores tener otras alternativas. La reactivación de nuestra Marina Mercante tiene una importancia estratégica fundamental debido a nuestra ubicación en la cuenca del Pacífico donde habitan 3 mil millones de consumidores, y asimismo, representa una zona que cubre el 55% del Producto Bruto Interno (PBI) mundial.

De la misma forma, la Marina de Guerra del Perú, también creará muchos puestos de trabajo, ya que se incrementará la demanda de servicios portuarios y marítimos, aumentará la oferta de bodegas, así como la construcción y reparación de naves a cargo del Servicio Industrial de la Marina, entre otros aspectos positivos.

Publicado en la revista N°1 de ADOGEN (Publicación Institucional de la Asociación de Oficiales Generales y Almirantes), fecha 1 de diciembre de 2005.

EL AUGE EXPORTADOR Y SU DEBILIDAD MARÍTIMA

El 28 de julio, en su mensaje a la nación, el presidente Toledo resaltó como uno de los logros más importantes de su gobierno el crecimiento de las exportaciones, las cuales se duplicaron en los últimos 4 años. Para sustentar este logro, el Presidente mencionó una serie de factores que han motivado el auge exportador, sin embargo, tenemos que ser realistas y aceptar de que éste se ha generado, en gran parte, debido a factores exógenos de carácter coyuntural tales como las altas cotizaciones internacionales de nuestros minerales, así como por el desarrollo de las exportaciones de textiles y productos agroindustriales al mercado norteamericano acogiéndonos a la Ley de Promoción Comercial Andina y Erradicación de la Droga (ATPDEA).

Estos factores exógenos, lamentablemente, no son permanentes ya que los altos precios de cotización actual de nuestros minerales pueden caer y, en el caso del ATPDEA, solo tiene vigencia hasta el 31 de diciembre del 2006. En este contexto, nuestro auge exportador, además, presenta enormes debilidades de futuro relacionadas con el ámbito marítimo: primero, la carencia de una flota de naves mercantes oceánicas de bandera peruana y, segundo, el deplorable estado de nuestra infraestructura portuaria. Estos dos aspectos son indispensables para alcanzar un crecimiento sostenido de nuestras exportaciones.

En el primer caso, el transporte marítimo, fluvial y lacustre, moviliza más del 90% de nuestro comercio exterior permitiendo la captación del casi total de las divisas que podemos generar con nuestra producción; el hecho de no contar con esta flota, ha fomentado el crecimiento de empresas navieras extranjeras especulativas, principalmente chilenas, las cuales, en desmedro de nuestra economía, no tributan, no generan empleo, no aportan al PBI y además el Estado peruano ha tenido que pagar en los últimos 10 años por concepto de fletes al exterior más de US$ 6,000 millones. Cabe resaltar que el 21 de junio fue aprobada en el pleno del Congreso la Ley de Reactivación y Promoción de la Marina Mercante Nacional, orientada a apoyar a los navieros y empresas navieras nacionales, la cual ha sido remitida al Poder Ejecutivo para su estudio y debería ser revisada por el presidente con carácter prioritario.

En el segundo caso, el tema de los puertos fue el otro gran ausente del mensaje presidencial a pesar de su importancia vital para el desarrollo del sector exportador. Considerando que anualmente arriban a nuestros puertos alrededor de 3,200 barcos mercantes y solo el puerto del Callao moviliza alrededor de 725,000 contenedores al año, nuestra actual infraestructura portuaria nacional se encuentra en una deplorable situación requiriéndose alrededor de US$ 400 millones de inversión, principalmente para repotenciar nuestros actuales terminales de contenedores y de minerales, para la construcción de nuevos terminales, así como para adquisiciones de grúas tipo pórtico y nuevo equipamiento portuario.

A pesar de que la Ley Nº 27943 del Sistema Nacional de Puertos fue aprobada en el Congreso en Febrero del 2003, recién mediante D S Nº 006-2005-MTC de marzo de este año ha sido aprobado el Plan Nacional de Desarrollo Portuario (PNDP); sin embargo, hasta la fecha no se han iniciado las concesiones ni asociaciones estratégicas y no se encuentran claros los lineamientos para el funcionamiento de los puertos, ocasionando esto que no existan inversiones privadas y por lo tanto nuestros puertos sean catalogados a nivel internacional como obsoletos, excesivamente caros, ineficientes y no competitivos. Estas debilidades podrían ser el motivo de la caída progresiva de nuestras exportaciones en el mediano plazo.

Publicado en el diario EXPRESO, fecha 15 de agosto de 2005

LA REACTIVACIÓN DE NUESTRA MARINA MERCANTE

El ministro de Economía y Finanzas Pedro Pablo Kuczynski refiriéndose a las negociaciones del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, recientemente afirmó que el Perú "no tiene una visión de hacia dónde vamos". Sin embargo, cuando hace pocos días la Comisión de Transportes del Congreso con el propósito de reactivar la Marina Mercante Nacional, aprobó, después de más de tres años de deliberaciones, un proyecto de ley que exonera del pago de tributos a la adquisición de naves de alto bordo, el mencionado ministro ha expresado su desacuerdo ya que considera que afectaría los ingresos fiscales, lo que demuestra que es el propio ministro el que realmente no tiene una visión de futuro.

¿No sabe acaso el ministro que nuestra Marina Mercante atraviesa actualmente la crisis más grave de su historia?, la cual a principios de 1980 estaba considerada entre las mejores de América Latina, contaba con más de 60 naves que representaban una capacidad de carga de más de un millón de toneladas y brindaba miles de puestos de trabajo para los peruanos.

Y justamente, esta crisis que ocasionó la desaparición de nuestra flota mercante se debe a que a inicios de la década de los años 90 se dictaron los Decretos Legislativos 644° y 683° que liberaron el acceso a las cargas y que a partir del año 1992 se gravó con aranceles e IGV la importación de naves de alto bordo para el transporte de hidrocarburos, gas, contenedores y multipropósito aumentando su costo en más del 30% sobre el costo total, desalentando a los inversionistas peruanos a importar naves para ser utilizadas en el comercio exterior, situación que ha ocasionado que más del 90% de las cargas de exportación e importación en nuestro comercio marítimo se tenga que efectuar a través de naves de bandera de conveniencia, principalmente chilenas, las cuales, en desmedro de nuestra economía, no tributan, no generan empleo, no aportan al PBI y además ocasionan la salida del país de alrededor de un millón de dólares anuales por concepto de pago de fletes.

Lo expresado corrobora que el actual ministro de Economía y Finanzas Pedro Pablo Kuczynski se preocupa principalmente por el manejo de las finanzas y no de medidas de visión positivas de futuro que requiere urgentemente el país en un entorno histórico sin precedentes. Asimismo se comprueba que la Comisión de Transportes y Comunicaciones del Congreso, con la aprobación del dictamen del proyecto que exonera del pago de tributos a la adquisición de naves de alto bordo, ha determinado la importancia que significa para el futuro de nuestro país contar con una flota de buques peruanos que aporten favorablemente a nuestra balanza comercial y además generen miles de puestos de trabajo. Es de esperar que esta iniciativa, que cuenta con el apoyo de casi todas las bancadas políticas, sea aprobada a la brevedad posible en el pleno del Congreso.
Publicado en el diario CORREO, fecha 26 de junio de 2004

DE ESPALDAS AL MAR

El comercio marítimo representa para nuestro país, el 95 % del comercio exterior y por lo tanto es el que permite la captación del casi total de las divisas que podemos generar con nuestra producción y de las cuales depende en gran parte la vida nacional, sin embargo, actualmente no contamos con una flota de naves mercantes oceánicas de bandera peruana, viéndose afectada sensiblemente la balanza de pagos y el PBI.

Al examinar la evolución de nuestra flota mercante nacional, observamos que lastimosamente en las dos últimas décadas ésta fue prácticamente aniquilada. De más de 60 naves con que contábamos a mediados de los años 80 con una capacidad de carga de más de un millón de toneladas, nos hemos reducido a solo dos unidades que opera la Oficina Naviera Comercial.

A inicios de la década de los años 90, el Gobierno Peruano dictó dispositivos de liberalización del acceso a las cargas y de desregulación, (Decretos Legislativos 644° y 683°), los que legalmente eliminaron la reserva de carga y otras normas de promoción para la Marina Mercante que ocasionaron que las naves peruanas, no pudieran competir con las facilidades de orden tributario, laboral y financiero, de las que gozan las flotas mercantes extranjeras que operan en nuestro litoral.

Este marco legal y tributario hostil, ha fomentado el crecimiento de empresas navieras extranjeras especulativas que no requieren invertir, teniendo como único negocio el poder sub arrendar “naves de bandera de conveniencia” de segundo o tercer orden. Dichas empresas, principalmente chilenas, no tienen ningún arraigo con el país, no tributan, no generan empleo, no aportan al PBI y además ocasionan la salida de una gran cantidad de nuestras divisas, ya que el Estado peruano se ha visto obligado a pagar al exterior, en los últimos 10 años, más de US $ 6,000 millones por concepto de fletes.

Del mismo modo, esta legislación facilita que muchas empresas navieras nacionales puedan obtener licencias de autorización para fletar y operar naves en tráfico internacional, en tráfico de cabotaje y operación en bahía, facilitando contratos especulativos, lo cual dista mucho de reunir las condiciones y exigencias de un armador formal con las implicancias de una empresa naviera debidamente constituida. Asimismo, la adquisición de una nave en el exterior implica el pago de impuestos por la importación lo cual origina un sobre costo del 50%, encontrándose además sujeta al impuesto a los activos y otras regulaciones de empleo, IGV, etc.

Todo este panorama nos demuestra que nos encontramos de espaldas al mar y mantenemos una falta de visión y de conciencia marítima nacional, motivo por el cual, el Gobierno debería promover mediante leyes especiales, la creación urgente de una flota mercante propia lo cual redundará en generación de empleo y ahorro de divisas.

Publicado en el diario CORREO, fecha 22 de mayo de 2004

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