COMPETITIVIDAD: NO PODEMOS REVERTIR SU DECRECIENTE TENDENCIA




El pasado día 1 el Institute for Management Development (IMD) de Suiza y Centrum PUCP publicaron el Informe de Competitividad mundial 2026, el cual evalúa, en 70 países, la capacidad de cada uno para generar un entorno favorable en inversión, productividad y crecimiento económico, para mejorar la calidad de vida y bienestar poblacional. La medición en este informe se basa en la evaluación de 4 factores: Desempeño Económico (evaluación macroeconómica), Eficiencia del Gobierno (favorecimiento de las políticas del gobierno en incrementar la competitividad), Eficiencia de los Negocios (desempeño innovador, eficiente y responsable de las empresas) e Infraestructura (cumplimiento de los requerimientos en los recursos básicos, científicos y humanos). 

 

En el Ranking 2026 del informe hemos registrado 43.3 puntos (puesto 60 entre 70 países), el más bajo puntaje desde 2008 en que obtuvimos 56.3 puntos (puesto 35 entre 55 países), y desde dicho año, no podemos revertir la tendencia de decrecimiento en materia de competitividad. Las mayores reducciones las tuvimos entre 2021 y 2026, en el actual gobierno de Castillo, Boluarte y Balcázar. En América Latina Chile se ubica primero (puesto 43), seguido por Argentina (58), Colombia (59) y Perú (60), atrás aparecen México (62), Brasil (65) y Venezuela (70).

 

En el primer factor (Desempeño Económico), la macroeconomía es nuestra mayor fortaleza, siendo el pilar del crecimiento económico desde 1990 cuando se implementaron las reformas estructurales que trajeron equilibrio, aunque nuestra economía demuestra solidez en estabilidad de precios y mercados financieros, mostramos retrocesos en empleo y comercio internacional, además, desde 2015 mantenemos un crecimiento promedio estancado por debajo del 4%, lo que no permite reducir la pobreza ni elevar la calidad de vida. En el segundo factor (Eficiencia del Gobierno), ocupamos los últimos puestos en legislación empresarial y marco social, además, el mal desempeño de nuestras instituciones limita el fortalecimiento competitivo, para recuperarlo, requerimos de mayor inversión, crecimiento económico, mejorar la inclusión y reducir la pobreza e informalidad.

 

En el tercer factor (Eficiencia de los Negocios), estamos entre los 3 últimos puestos por baja productividad y eficiencia, al respecto, la competitividad y sostenibilidad de cualquier organización, depende de su capacidad para operar eficientemente, transformando procesos, optimizando recursos y maximizando resultados. Y, en el cuarto factor (Infraestructura), aunque cumple rol clave en el desarrollo económico y social del país, registramos el peor resultado en los últimos 5 años, estamos en los 4 últimos puestos en infraestructura básica, tecnológica y científica, y, principalmente, en sistemas de salud y educación, lo cual se agrava por una inadecuada planificación y ejecución de proyectos de largo plazo, malas inversiones, ineficiente burocracia gubernamental, corrupción y mala gestión.

 

Bajo este panorama, nuestro bajo nivel de competitividad mundial está relacionado principalmente a una deficiente e inconsistente productividad, déficit en infraestructura urbana, logística, tecnológica y científica (según el Plan Nacional de Infraestructura para la competitividad, la brecha, considerando el acceso a servicios básicos, asciende a US$110 mil millones en el largo plazo, la cual se cerraría en 40 años), además, por un deficiente avance en investigación y desarrollo, baja calidad educativa y de salud, precaria institucionalidad que posibilita corrupción, lavado de activos, narcotráfico, inseguridad ciudadana e informalidad, y una grave inestabilidad política que limita la inversión privada y los negocios internacionales. Esperamos que estas deficiencias que afectan seriamente nuestra competitividad comiencen a revertirse desde que Fuerza Popular asuma el gobierno.

 

Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 11 de julio de 2026

 

  

SEGUIMOS RETROCEDIENDO EN COMPETITIVIDAD POR MAL DESEMPEÑO COMO PAÍS



 

El pasado día 18, el Instituto Suizo de Desarrollo Gerencial (IMD), en conjunto con Centrum PUCP, presentaron el Ranking de Competitividad Mundial 2024, mostrando una visión de nivel de competitividad de 67 países del mundo, basándose en la evaluación de 20 indicadores en 4 áreas de evaluación: desempeño económico, eficiencia gubernamental, eficiencia empresarial e infraestructura. En este ranking general hemos caído 8 puestos respecto a 2023, del puesto 55° al 63°. De los 20 indicadores, nuestros peores desempeños ocupando los últimos lugares entre los 67 países evaluados fueron: economía (puesto 65°), infraestructura tecnológica (65°), infraestructura científica (64°), productividad y eficiencia (64°), comercio internacional (62°), marco social (60°), salud (59°), educación (59°) y marco institucional (56°).


Nuestra bajísima competitividad está relacionada principalmente a una deficiente e inconsistente productividad, un serio déficit en infraestructura tecnológica, científica y logística, deficiente avance en investigación y desarrollo, baja calidad educativa y de salud, precaria institucionalidad que posibilita corrupción, lavado de activos, narcotráfico, inseguridad ciudadana e informalidad, y una grave inestabilidad política que limita los negocios internacionales y la inversión privada.

 

La competitividad determina el nivel de productividad de los recursos humanos y físicos de un país, marca la capacidad internacional de competencia en mercados de bienes y servicios según el desempeño económico, eficiencia, innovación y factores sociales, por lo tanto, es muy peligroso nuestro retroceso porque de la competitividad depende directamente el logro de un crecimiento sostenido, generación de empleo digno, calidad de vida ciudadana y la prosperidad del país.  

 

Con el fin de fomentar nuestra competitividad, hace 22 años, en abril 2002, se creó el Consejo Nacional de la Competitividad (en 2016 le cambiaron el nombre por Consejo Nacional de la Competitividad y Formalización - CNCF). En 2005 se aprobó el primer Plan Nacional de Competitividad (PNCP), el actual PNCP vigente cubre el período 2019-2030 pero lamentablemente nada se ha avanzado encontrándose actualmente abandonado, y hasta el CNCF está buscando actualizarlo. En setiembre 2013 se formó en el Congreso un Grupo de Trabajo “Seguimiento al Plan Competitividad” que debió evaluar permanentemente políticas, estrategias, acciones y cumplimiento y efectividad de metas, pero nunca se conocieron los resultados; este grupo de trabajo debería restablecerse.

 

Bajo este panorama, el gobierno debería tomar en serio el tema de la competitividad porque representa la mejor rentabilidad obtenida de un país por el valor de sus productos ofrecidos en mercados internacionales (cantidad, calidad y costos) e insumos para elaborarlos (productividad), que le permite competir en términos comparativos con confiabilidad, estabilidad y predictibilidad. A mayor nivel de competitividad, mejora la productividad, las oportunidades de empleo, salarios e ingresos por habitante, pero, sobre todo, aumenta la prosperidad y calidad de vida poblacional.

 

Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 29 de junio de 2024

 

 


¿POR QUÉ TENEMOS TAN BAJO NIVEL DE COMPETITIVIDAD?


El pasado martes 8 el Foro Económico Mundial publicó en Ginebra-Suiza el Índice Global de Competitividad 2019, en el que nuestro país ha retrocedido por sexto año consecutivo ocupando el puesto 65º entre 141 países, solo en los dos últimos años hemos caído 5 puestos, nuestra principal fortaleza se registra en la estabilidad macroeconómica, sin embargo tenemos muchas debilidades, respecto al 2018 hemos caído en 8 de los 12 pilares evaluados, nos ubicamos 6º en Latinoamérica y estamos detrás de los países que conformamos la Alianza del Pacífico (Chile, México y Colombia), además, y lo más preocupante, es que ocupamos debajo del puesto 90º en indicadores cruciales e imprescindibles para ser un país más competitivo tales como: corrupción, crimen organizado, tasa de homicidios, fiabilidad en servicios policiales, independencia judicial, eficiencia del marco legal, carga de regulación gubernamental, protección de propiedad individual, red vial, calidad de carreteras, servicio de transporte, acceso a electricidad, usuarios de internet, pensamiento crítico en la enseñanza, capacitación de personal, falta de empleos calificados, financiamiento de pymes, salario y productividad, crecimiento de empresas innovadoras, gastos en investigación y desarrollo y habilidades digitales en población activa.

Tenemos un bajo nivel de competitividad porque nuestros gobernantes, políticos, empresarios y universidades no avizoran que ésta es indispensable para incrementar el nivel de productividad de recursos humanos y físicos (capacidad de competencia en mercados de bienes y servicios) lo cual es fundamental para lograr un crecimiento económico sostenido el cual no alcanzamos porque nuestra economía presenta debilidades estructurales que no nos permiten reducir la pobreza e informalidad. Para mejorar la competitividad, desde hace 24 años han proliferado consejos nacionales, planes nacionales, agendas, pero no han mejorado ni ésta, ni la productividad, ahora se impulsa un nuevo plan nacional de competitividad y productividad con 9 objetivos prioritarios que esperamos se cumplan.

Bajo este panorama para mejorar nuestros niveles de competitividad tenemos que priorizar nuestro desempeño institucional, educacional, de infraestructura e innovación. Debemos enfrentar nuestra debilidad institucional donde presentamos las mayores deficiencias competitivas en niveles muy altos de desconfianza a partidos políticos, congreso, poder judicial, policía, administración pública y a la carga de regulación gubernamental. Además debemos erradicar la corrupción, enfrentar la situación de inseguridad ciudadana, el déficit de infraestructura, mejorar la calidad educativa (record muy pobre), desarrollar los factores impulsores de la innovación (principal fuente de ventajas competitivas de la economía), mejorar la calidad de las instituciones de investigación científica, entre otros.

Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 12 de octubre de 2019


REZAGADOS EN COMPETITIVIDAD, ALEJADOS DEL DESARROLLO


El ministro de Economía y Finanzas, Carlos Oliva, manifestó recientemente que nuestra economía necesita crecer 5% anual durante 20 o 30 años para ser un país desarrollado, (cabe resaltar que el crecimiento económico, aunque es consubstancial para avanzar en el desarrollo de un país, no es el único medio  para alcanzarlo). También el ministro dijo que un crecimiento alto y sostenido solo se logra mejorando la competitividad, la cual en nuestro país es una capacidad muy rezagada, el último ranking del Instituto para el Desarrollo Gerencial nos ubica entre los últimos ocho países (55° de 63°) por baja eficiencia y gestión gubernamental, déficit en infraestructura y baja eficiencia empresarial, igualmente, en el último Ranking Mundial de Competitividad retrocedimos tres puestos y figuramos muy rezagados en instituciones, infraestructura, tecnología de información, educación, mercado laboral y capacidad para innovar.  

La competitividad debe ser vista bajo los efectos globalizadores del mercado como un requisito para impulsar el desarrollo de un país, los Estados más competitivos presentan un mayor grado de desarrollo porque con su alta competitividad mejoran el capital humano, capital social, entorno institucional, productividad laboral, formalidad, inversión y oferta de bienes y servicios, inversiones públicas y privadas, etc., teniendo como base visiones de mundo integradoras y no excluyentes logran igualdad de oportunidades, satisfacción de necesidades y efectividad de libertades para su población.

En nuestro país, lamentablemente la evolución de nuestra competitividad empeora lo cual es incomprensible considerando que desde 2002 tenemos un Consejo Nacional de Competitividad, desde 2005 un Plan Nacional, y desde 2012 dos Agendas 2012-2013 (60 metas) y 2014-2018-Rumbo al Bicentenario (65 metas), pero ni se cumplieron las metas ni mejoró nuestra competitividad ni productividad que son fundamentales en cualquier proceso de desarrollo.

Bajo este panorama actualmente el gobierno elabora otro Plan Nacional de Competitividad y Productividad (derivado de la Política Nacional aprobada con DS-345-EF-31 diciembre 2018) cuyo plazo de presentación vence el próximo día 27, según el ministro de Economía lanzará dicho Plan la primera semana de julio incluyendo 60 medidas específicas para elevar la competitividad y tendrá vigencia hasta diciembre 2030. Esperamos que después de 17 años que buscamos mejorar nuestra competitividad progresemos con este reiterativo plan, además, para avanzar en nuestro desarrollo es indispensable aumentar la eficiencia del aparato estatal, mejorar la prestación de servicios sociales y educativos, avanzar en ciencia, tecnología e innovación y fortalecer la integración de nuestra economía con el resto del mundo.

Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 22 de junio de 2019


¿POR QUÉ NO AVANZAMOS EN COMPETITIVIDAD?


El pasado día 16 el World Economic Forum (WEF) publicó en Ginebra-Suiza el Informe de Competitividad Global 2018 el cual mide la competitividad de 140 economías (90% del PBI mundial) a través de 98 indicadores y 12 pilares consideradores impulsores de la productividad, en dicho informe hemos retrocedido dos ubicaciones respecto a 2017 ocupando el puesto 63° a nivel mundial y 6º en Latinoamérica, detrás de Chile, México, Uruguay, Costa Rica y Colombia.

Pero aparte del puesto que hace muchos años no mejoramos, es muy preocupante los últimos lugares que ocupamos a nivel mundial en indicadores claves que afectan nuestra competitividad (inseguridad, instituciones, infraestructura, educación, trabajo e innovación), entre ellos: fiabilidad de servicios de la Policía (puesto 136º de 140 países), crimen organizado (129º), regulación gubernamental (128º), políticas laborales activas (126°), alcance de formación del personal (124º), protección de propiedad intelectual (121º), independencia judicial (115º), orientación futura del gobierno (109º); calidad de carreteras (108º); pensamiento crítico de la enseñanza (108°), inversión en I+D (106°).

No avanzamos en competitividad porque nuestros gobernantes, políticos y empresarios no avizoran la indispensabilidad que ésta representa para incrementar el nivel de productividad de recursos humanos y físicos (capacidad de competencia en mercados de bienes y servicios) lo cual es fundamental para lograr un crecimiento económico sostenido y reducir la pobreza e informalidad. Hace 16 años tenemos un Consejo Nacional de Competitividad (actualmente paralizado), desde 2005 un Plan Nacional, y desde 2012 dos Agendas 2012-2013 (60 metas) y 2014-2018-Rumbo al Bicentenario (65 metas), pero poco o nada se ha logrado, no se ha cumplido el objetivo de aumentar el empleo formal y bienestar ni las metas de incrementar la productividad de los trabajadores, disminuir la informalidad laboral ni reducir los costos logísticos de los valores de los productos.

Ahora el MEF informa que se establecerán tres nuevos planes de competitividad (infraestructura, capital humano y productividad), el primero estaría listo hacia julio 2019 y los dos restantes sin fecha, sin embargo ya tenemos suficiente documentación, planes, agendas y diagnósticos, requiriéndose, por el contrario, urgentes e inmediatas reformas estructurales y acciones para fortalecer nuestras instituciones, invertir en formación de capital humano y en ciencia, tecnología e innovación, mejorar la calidad educativa, generar trabajo formal y priorizar proyectos de infraestructura y logística. Mientras no avancemos en competitividad dificilmente lograremos crecer sostenidamente ni generar empleo digno, impidiendo mejorar nuestra calidad de vida y la prosperidad del país.


EN COMPETITIVIDAD SEGUIMOS EN EL FONDO


El pasado 23 de mayo, el instituto suizo International Institute for Management Development –IMD- (en asociación local con Centrum Católica), presentó su Ranking Mundial de Competitividad 2018 analizando 63 países en 4 categorías: desempeño económico, eficiencia del gobierno, eficiencia en los negocios e infraestructura, incluyendo 20 indicadores, para determinar el nivel de competitividad de los países midiendo la capacidad de sus economías para crear un entorno empresarial competitivo, incrementar su productividad y generar ingresos para mejorar la prosperidad, bienestar y calidad de vida de su población.

Nuestro país se ha ubicado en dicho ranking entre los últimos 10 puestos (54° entre 63 países) registrando los últimos lugares en importantes indicadores: economía doméstica (54°), comercio internacional (54°), marco social (60°), productividad y eficiencia (60°), prácticas gerenciales (54°), infraestructura básica (58°), infraestructura tecnológica (61°), infraestructura científica (61°) y educación (54°), pero lo más preocupante es que desde el 2008, que ocupamos el puesto 35°, venimos decayendo, además los últimos 4 años nos mantenemos entre los 10 países menos competitivos del mundo lo cual demuestra que la evolución de nuestra competitividad empeora y por ende nuestra productividad no avanza lo cual es fundamental para el desarrollo del país.

El asunto es que nuestra competitividad no mejora a pesar que desde el 2002 tenemos un Consejo Nacional de la Competitividad, cuya denominación fue modificada en agosto 2016 por Consejo Nacional de la Competitividad y Formalización, y es presidido por el ministro de Economía y conformado por el presidente del Consejo de Ministros, cinco ministros, representantes de los gobiernos regionales y locales, la Confiep, y un grupo consultivo especializado, cuyas funciones son diseñar y proponer reformas, medidas, estrategias y propuestas normativas para mejorar la competitividad del país, además, desde 2012 hemos tenido dos agendas de competitividad, la primera (2012-2014) con 60 metas, y la segunda, que concluye este año (2014-2018) con 65 metas, de las cuales poco o nada se ha avanzado. 
 
Bajo este panorama y considerando la importancia de mejorar nuestra competitividad, indispensable para aumentar la productividad la cual está estrechamente ligada al crecimiento económico y la reducción de la pobreza e informalidad, el gobierno debería implementar reformas y políticas públicas dirigidas a fortalecer la productividad empresarial, aumentar la eficiencia del aparato estatal, mejorar la prestación de servicios sociales y educativos, avanzar en ciencia, tecnología e innovación, y fortalecer la integración de nuestra economía con el resto del mundo.

Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 2 de junio de 2018


DE ESPALDAS A LA INNOVACIÓN

Pese a continuos anuncios de nuevas políticas y estrategias en innovación los malos indicadores son una constante nacional. En el último Índice Mundial de Innovación 2016 el Perú ocupa el puesto 71 entre 128 países, sin embargo, en sus principales indicadores ocupa los últimos lugares: eficiencia en innovación (109), conocimiento y tecnología (109), difusión de conocimiento (118), artículos presentados sobre ciencia y tecnología (113), diseños industriales (91), entre otros, asimismo, el último ranking de competitividad del Foro Económico Mundial 2016-2017 nos ubica en innovación en últimos puestos (119 entre 138 países).

La innovación es un elemento central y principal en la estrategia de crecimiento y desarrollo de un país, es un proceso dinámico que mediante el conocimiento, a partir de la investigación y desarrollo (I&D), modifica procesos y transforma insumos en productos y equipos a partir de nuevos procesos tecnológicos que aprobados en el mercado adquieren mayor valor económico, su fortalecimiento influye en el incremento de productividad y de valor agregado a los recursos exportables y por ende a la generación de empleo y aumento de bienestar social.

Nuestro país se encuentra en un punto crucial de su desarrollo pero se está quedando rezagado en la revolución tecnológica y le da la espalda a la innovación, es increíble que el 2015 el Estado solo invirtió 0.08% del PBI en I&D, una de las más bajas en la región; las empresas también invierten mínimamente en investigación y capital humano, a pesar que la ley 30309 (13 marzo 2015) les otorga incentivos tributarios por gastos en proyectos de innovación (hasta 175%) pero no los usan por falta de capacidad para identificar procesos y presentar proyectos; igualmente, las universidades le dan escasa relevancia a la I&D porque no se fomenta el desarrollo de una cultura de emprendimiento e innovación a  partir del sistema escolar hasta culminar en la universidad y el postgrado.

Bajo este panorama la innovación es parte esencial de la modernidad, sin embargo, en nuestro país es muy escasa y expresada de modo aislado. Con miras al bicentenario debería ser una prioridad la política e inversión nacional en I&D y capital humano con fuertes programas de innovación, educación, cultura emprendedora, apoyo directo a las pymes y mejorando los centros de investigación tecnológica e innovación, todo esto acompañado de un esfuerzo colaborativo y consciente entre el gobierno, empresariado, universidades y centros tecnológicos.

Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 22 de octubre de 2016


COMPETITIVIDAD PERUANA SIGUE CAYENDO EN PICADA

A pesar que el Consejo Nacional de la Competitividad (presidido por el MEF) presentó en febrero 2012 la Agenda de Competitividad 2012-2013 con 60 metas (según el MEF se cumplió 88%), y en junio 2014 una nueva Agenda 2014-2018 Rumbo al Bicentenario con 65 metas (según el MEF ya cumplió 25%), sin embargo en los rankings mundiales de competitividad seguimos cayendo en picada.

En el último informe global 2015-2016 del Foro Económico Mundial (FEM) hemos descendido 4 puestos respecto al 2014-2015 (del 65° al 69°). En el Ranking de Competitividad Mundial del Instituto para Desarrollo de Gestión (IMD) caímos 7 puestos ocupando el puesto 50° entre 60 países. Además, según el Instituto de Economía y Desarrollo Empresarial (IEDEP), a partir de un estudio internacional mediante el Árbol de la Productividad-Competitividad, el Perú retrocedió en 23 de 44 índices de competitividad sostenible.

La competitividad representa la mejor rentabilidad obtenida por un país por el valor de sus productos ofrecidos en mercados internacionales (cantidad, calidad y costos) e insumos para elaborarlos (productividad), que le permite competir en términos comparativos con confiabilidad, estabilidad y predictibilidad. A mayor nivel de competitividad, mejora la productividad, las oportunidades de empleo, salarios e ingresos por habitante, pero sobre todo, aumenta la prosperidad y la calidad de vida poblacional.

Pero para ser competitivos se requiere de elevada voluntad política y esfuerzos, principalmente del gobierno, pero también mayor empeño de empresas y centros de estudios escolares, técnicos y superiores. La mejora de competitividad está directamente condicionada al desarrollo y avance en: institucionalidad, calidad de educación (capital humano) básica, técnica, superior y productiva, infraestructura, innovación, ciencia y tecnología, tecnología de información, desarrollo empresarial, mercado laboral, entre otros, justamente en la mayoría de índices que retrocedemos o no avanzamos.

Pero lo más peligroso son los 24 puestos que hemos caído en nuestra precaria institucionalidad en los reportes globales del FEM entre 2010 al 2015 (del 92° al 116°), uno de los mayores problemas endémicos que arriesga el futuro del país y posibilita la corrupción, lavado de activos, inseguridad ciudadana e informalidad.

Es realmente urgente que el próximo gobierno ejecute una reforma integral del Estado, en todas sus instancias (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) con la finalidad de hacer eficiente nuestro sistema político y mejorar nuestro bajísimo nivel institucional y competitivo, que nos permita afianzar la democracia y desarrollarnos en forma sostenida.


Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 24 de octubre de 2015

RETROCEDIENDO EN COMPETITIVIDAD

Competitividad es una palabra muy utilizada en el entorno político y empresarial (muchas veces como “cliché”), sin embargo para un país, este concepto, relacionado fuertemente a la productividad, es importante y fundamental porque representa esfuerzo organizativo y capacidad de mantener ventajas comparativas de productos y servicios en calidad e innovación, para proveerlos eficientemente al entorno internacional.

Lamentablemente no percibimos una mejora en nuestra competitividad porque no avanzamos en diferentes factores y procesos que miden, comparan y aseguran el estado competitivo de un país, tales como, instituciones públicas, tecnología, producción, diversificación, inversión, exportación, infraestructura, educación, capital humano, apoyo a Pymes, disciplina fiscal y cohesión social.

Esta situación se corrobora en los más importantes índices de competitividad del mundo. En el Índice de Competitividad Global del Foro Económico Mundial (IGC), entre 2012 y 2014 retrocedimos 4 puestos (del 61° al 65° entre 143 países) estando muy rezagados en funcionamiento institucional (118°) e innovación (117°). En el Anuario Mundial de Competitividad del Instituto Internacional para el Desarrollo Gerencial (IIMD), entre 2013 y 2015 hemos caído estrepitosamente 11 puestos, del 43° (2013) al 54° (2015) entre 61 economías. Y en el Índice de Facilidad para hacer Negocios (Doing Business), entre 2014 y 2015 bajamos del puesto 35° al 34° y además cayendo en 6 de sus 10 variables.

Bajo este panorama nuestra baja competitividad está relacionada principalmente a una deficiente innovación e inconsistente productividad; una precaria institucionalidad que posibilita corrupción, lavado de activos, narcotráfico, inseguridad ciudadana e informalidad; serio déficit en infraestructura; baja calidad educativa y retrasada ciencia y tecnología e investigación.

Pero increíblemente el gobierno considera que avanzamos. En abril de 2014 el ex ministro de Economía Castilla aseguró que de 60 metas de la agenda de competitividad 2012-2013 se cumplió 88%, y el pasado 26 de abril el actual ministro Segura reportó que de 65 metas de la nueva agenda 2014-2018, solo en 8 meses han avanzado 19%.

Según la Directora ejecutiva del Consejo Nacional de la Competitividad, Angélica Matsuda, “más allá del avance cuantitativo, lo más rescatable es que este avance se está dando dentro de una visión integral compartida” (explicación inconsistente), pero ciertamente, mientras no se realicen profundas reformas como herramientas de cambio y transformación de los factores y procesos (antes mencionados) que aseguran el estado competitivo de un país, seguiremos retrocediendo en nuestra competitividad.

Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 11 de julio de 2015

NUESTRA COMPETITIVIDAD: PELIGROSO RETROCESO

El pasado día 2 el Foro Económico Mundial presentó en Ginebra, Suiza, su informe Global de Competitividad 2014-2015 en cuyo ranking nuestro país retrocedió 4 puestos respecto al informe 2013-2014 (del 61° al 65°) entre 143 países. Es muy preocupante haber retrocedido en 5 de los 12 pilares de evaluación, principalmente en debilidad institucional (del 109° al 118°) y reducida preparación tecnológica (86° al 92°), ocupando últimos puestos en innovación 117°, salud y educación primaria 94°, infraestructura 88°, y educación superior y capacitación 83°. Además, de 18 países latinoamericanos, 12 mejoraron y solo 6 retrocedieron, entre estos nuestro país.  

Otros rankings mundiales cada año nos siguen advirtiendo sobre nuestro evidente retroceso en competitividad. En marzo pasado el Banco Mundial presentó su Ranking de Competitividad Logística 2014 que analiza el desempeño logístico en comercio internacional de 160 países donde retrocedimos 11 puestos, del 60° (2012) al 71° (2014). Asimismo en mayo pasado el International Institute for Management Development (IMD) publicó su Ranking de Competitividad Mundial 2014 que evalúa la facilidad para hacer negocios de 60 países, donde también retrocedimos 7 puestos, del 43° (2013) al 50” (2014) ocupando el último puesto en infraestructura tecnológica (60°).  

Lo increíble es que no se ven avances sino solo retrocesos a pesar que desde 2005 tenemos un Plan Nacional de Competitividad y desde 2002 un Consejo Nacional de la Competitividad (actualmente lo preside el Ministro Castilla), y según este, de la Agenda 2012-2013 cumplieron 89% de 60 metas (la Agenda 2014-2018 –recién aprobada el 27 de junio– tiene 65 metas). Esperamos que el Grupo de Trabajo del Congreso “Seguimiento al Plan de Competitividad” (instalado en setiembre 2013) evalúe todo lo ejecutado (políticas, estrategias y acciones) y el cumplimiento y efectividad de las metas.

Bajo este panorama, la competitividad determina el nivel de productividad de los recursos humanos y físicos de un país (capacidad de competencia en mercados de bienes y servicios) y solo mejoraremos invirtiendo en formación de capital humano, ciencia y tecnología e innovación, calidad educativa, infraestructura, logística, facilitación de negocios y fortaleciendo nuestras instituciones (administración pública moderna, transparente y eficiente en empleo de recursos y prestación de servicios).

Es muy peligroso nuestro retroceso en competitividad porque de ella depende directamente el logro de un crecimiento sostenido, generación de empleo digno, calidad de vida ciudadana y la prosperidad del país.

Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 6 de setiembre de 2014


COMPETITIVIDAD: ERRADA OPINIÓN DE MINISTRO CASTILLA

Tras el debate por la presentación del Gabinete de René Cornejo, a raíz de las demandas de la oposición sobre nuestra estancada competitividad, el ministro de Economía y Finanzas, Luis Castilla, defendió con ímpetu la agenda del gobierno manifestando que “han habido avances importantes en competitividad en esta gestión que se traducen en indicadores”, los cuales no especificó.

Errada opinión del ministro Castilla –a pesar de presidir el Consejo Nacional de Competitividad– porque dichos indicadores, por el contrario, en el último Índice de Competitividad Global (ICG) 2013-2014, nos ubica en el puesto 61° entre 148° países y 6° puesto en Latinoamérica, pero lo más grave, es que hemos empeorado en las 8 de las 12 variables que analiza dicho ICG para determinar la capacidad de los países para competir internacionalmente según su desempeño económico, eficiencia, innovación y factores sociales.

En tal sentido, hemos retrocedido en innovación (del puesto 117° al 122°) tema en que el gobierno no ha demostrado interés en fomentarlo; en institucionalidad (del 105° al 109°) las instituciones públicas presentan creciente deterioro principalmente por corrupción y falta de eficiencia; en Salud y educación básica (del 91° al 95°) en salud existen muchas brechas en cobertura, servicios e infraestructura, y en educación, nuestro país se ubica en el último lugar en matemática, ciencia y comprensión lectora; en infraestructura (del 89° al 91°) se requieren inversiones de más de US$ 87,000 millones y el gobierno solo ha iniciado proyectos por menos de US$ 1,000 millones.

También en educación superior (del 80° al 86°) ni siquiera contamos con una ley marco, ni un plan de acción, ni mucho menos, un sistema de acreditación supervisado internacionalmente; en formación tecnológica (del 83° al 86°) en la región estamos entre los que menos gastan en investigación y desarrollo; en clima de negocios (del 68° al 74°) debemos mejorar las condiciones que faciliten la actividad empresarial; y en eficiencia del mercado laboral (del 45° al 48°) no se han creado empleos al ritmo del crecimiento, incrementándose el número de desocupados.

Bajo este panorama, el gobierno no ha abordado adecuadamente las áreas críticas para avanzar en competitividad –educación, formalización y mercado laboral, ciencia, tecnología e innovación, infraestructura, TIC, transporte y logística, entre otros– y los indicadores que el ministro Castilla aduce erróneamente como avances, por el contrario revelan grave retroceso en nuestro desempeño competitivo.

Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 29 de marzo de 2014



EMPEORANDO NUESTRA COMPETITIVIDAD

El pasado lunes 16 el ministro de Economía, Luis Castilla, durante su exposición en la 31ª Convención Minera Perumin, en Arequipa, defendió al sector minero y proyectó que si mantenemos los niveles de inversión y desarrollo “no sería extraño que estemos entre los 25 países con mejores niveles de vida en los próximos 30 años”. 

Sin embargo no explicó que para ello se requiere promover y proteger no solo la industria minera sino todos los sectores y rubros de la industria nacional diversificando nuestra base productiva, siendo imprescindible mejorar nuestra limitada competitividad, reflejada en el último Informe de Competitividad Global 2013-2014 del Foro Económico mundial.

Este exhaustivo informe evalúa la competitividad de cada país por su capacidad para competir internacionalmente según el desempeño económico, eficiencia, innovación y factores sociales. En el índice de Competitividad Global (ICG) mantenemos el puesto 61° entre 148 países y 6° en Latinoamérica, sin embargo, es preocupante haber empeorado en las 8 variables más importantes de las 12 que analiza el ICG:

° Innovación (bajamos del puesto 117° al 122°) 
° Instituciones (del 105° al 109°)
° Salud y educación básica (del 91° al 95°) 
° Infraestructura (del 89° al 91°) 
° Educación Superior (del 80° al 86°) 
° Formación Tecnológica (del 83° al 86°) 
° Sofisticación de negocios (del 68° al 74°)
° Eficiencia en el mercado laboral (del 45° al 48°)

El ministro Castilla, que según dijo, se siente “sumamente cómodo” en el Gabinete, elogia permanentemente el manejo macroeconómico, sin embargo, a pesar de presidir el Consejo Nacional de Competitividad –creado hace 11 años (DS 024-2002-PCM)– nunca trata con seriedad sobre nuestra exigua competitividad y como mejorarla. Paradójicamente la Agenda de Competitividad 2012-2013 prioriza 60 metas en 7 líneas estratégicas que en su mayoría hemos empeorado: 

° Ciencia, tecnología e innovación 
° Desarrollo empresarial, calidad y educación productiva 
° Internacionalización 
° Infraestructura 
° Tecnología de información y comunicaciones
° Facilitación de negocios 
° Ambiente 

Pese a ello, increíblemente este Consejo aseguró en febrero pasado haber cumplido 75% de las metas.   
  
Bajo este panorama, el diluido súper ciclo de precios de materias primas nos pasa la factura, y ahora requerimos urgentemente mejorar nuestra competitividad, invirtiendo en ciencia y tecnología, fortaleciendo las instituciones, mejorando la calidad educativa e infraestructura, para transformar nuestro aparato productivo y convertirnos en una economía exportadora de bienes y servicios de alto valor agregado e innovación. Solo así aseguraremos un crecimiento económico y desarrollo sostenidos, y no coyunturales como es actualmente.

Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 21 de setiembre de 2013


PERÚ: SIN ESTRATEGIA EN INNOVACIÓN


El pasado día 5 fue presentado por el Foro Económico Mundial (WEF) el Índice de Competitividad Mundial 2012-2013 en el que el Perú se ubicó en el puesto 61 entre 144 países. Con respecto al reporte anterior (2011-2012) –puesto 67– mejoramos 6 puestos, motivo por el cual, el ministro de Economía, Miguel Castilla, y la viceministra, Laura Calderón, ensalzaron el desempeño de la política económica y comercial del país manifestando que vamos por el camino correcto para alcanzar un mayor bienestar e inclusión social.

Pero lo que no dijeron estos funcionarios fue lo más importante: que de los 12 pilares que evalúa este reporte, solo hemos mejorado en 3 (estabilidad macroeconómica –motivo principal de nuestro mejor puesto en el índice porque subimos 31 puestos, del 52 al 21– y  mínimamente en salud y educación primaria, y en tamaño del mercado), pero contrariamente hemos caído en 9 de ellos (Instituciones, infraestructura, educación superior y capacitación, eficiencia de mercados de bienes y servicios, laborales y financieros, preparación tecnológica, sofisticación empresarial, e innovación). De estos pilares, la peor ubicación es en innovación (puesto 117 de 144).

La investigación y desarrollo (I&D) es lo que promueve la innovación, y esta a su vez permite la introducción de nuevos conceptos productivos –tecnológicos, de procesos, de diseño o modelos– que otorgan valor agregado a las actividades productivas. Es el indicador clave y motor del desarrollo, indispensable para mantener un crecimiento económico sostenido basado en el conocimiento y la tecnología, y no en nuestro actual modelo primario exportador de materias primas, especialmente minerales (por ejemplo, el ministro de Comercio Exterior y turismo, José Silva Martinot, acaba de anunciar que la meta de exportaciones no se cumplirá este año por la caída del precio de los minerales como el cobre, zinc y estaño).

El desarrollo de las actividades de I&D e innovación es una de las grandes reformas estructurales pendientes en nuestro país. La innovación ha sido instalada solo como discurso ya que no existe una estrategia que la impulse, y ésta es la causa de los rezagados puestos que ocupamos, y de que no avancemos en productividad y emprendimiento.

Bajo este panorama el gobierno debería implementar una estrategia que incluya políticas públicas y acciones que conlleven a:
1) Generar un cambio cultural para que se entienda la importancia de la innovación en el desarrollo;
2) Fomentar la formación de capital humano fundamentalmente en ciencias e ingeniería; 
3) Fortalecer la base científica y tecnológica;
4) Potenciar el emprendimiento innovador;
5) Fomentar e incentivar la investigación en las universidades, empresas e industria;
6) Mejorar los bajísimos niveles de calidad educativa y de ciencia y tecnología;
7) Incrementar los presupuestos para I&D;
8) Proteger la propiedad intelectual; y
9) Apoyar la producción de patentes.

Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 22 de setiembre de 2012

REZAGADOS EN COMPETITIVIDAD

El pasado día 17 el Instituto Internacional para el desarrollo gerencial (IMD) presentó en Lausana, Suiza, su último Informe de Competitividad Mundial 2011 en el cual evalúa –desde hace 23 años– a 59 países del mundo, entre ellos, al Perú,  incluido desde el 2008, año en que ocupó el puesto 35, pero en los últimos 3 años su ubicación ha caído sostenidamente, el 2009 bajó al puesto 37, el 2010 al 41 y el 2011 hasta el puesto 43.

Desde hace mucho tiempo, y año tras año, los diferentes estudios e informes sobre competitividad, tales como éste del IMD o el del Índice de Competitividad Global (ICG) del Foro Económico Mundial, nos advierten sobre nuestros bajos índices de competitividad, especialmente por una ineficiente burocracia gubernamental, mala infraestructura de carreteras, puertos y aeropuertos, reducido nivel de desarrollo en ciencia y tecnología, educación pública de muy mala calidad, entre otros factores que no permiten incrementar nuestra productividad.

El reciente Informe de Competitividad Mundial del IMD analiza 20 variables –que a su vez disgrega en 331 indicadores de investigación– entre las cuales el Perú, aunque presenta un buen desempeño económico, sin embargo ocupa los 12 últimos puestos en 9 importantes variables: infraestructura científica (59, último puesto), infraestructura tecnológica (57), educación (55), marco social (55), infraestructura básica (54), comercio internacional (50), mercado laboral (48), salud y medio ambiente (48), y Marco internacional (47). Del mismo modo, en el último Índice de Competitividad 2010 del Foro Económico Mundial, de los 111 indicadores, en 26 de ellos referidos al área económica el Perú muestra buen desempeño, pero en los restantes 85 de las áreas institucional, educacional y de innovación, ocupamos igualmente los últimos puestos.

Bajo este panorama las fortalezas de nuestro país están ligadas principalmente al campo macroeconómico, sin embargo, existen serias carencias institucionales y humanas que deben ser desarrolladas con eficiencia, lo cual requiere de un Estado eficaz y de una economía más competitiva y flexible.

Estando ad portas de una segunda vuelta electoral cuya elección presidencial va a enmarcar los destinos de nuestra patria, es necesario que el nuevo gobierno se avoque a resolver el problema institucional, social, laboral y ambiental, y asimismo incorpore al crecimiento económico las diferentes variables indispensables para incrementar nuestra competitividad, tales como, mejorar la infraestructura básica, productiva, tecnológica y científica, brindar empleo digno,  promover la innovación, mejorar la educación y la capacitación laboral e incentivar la productividad, con el fin de  optimizar la calidad de vida de todos los peruanos.

Publicado en el diario EXPRESO, fecha 28 de mayo de 2011

PERÚ: PERSPECTIVAS DE COMPETITIVIDAD

El pasado día 9 el Foro Económico Mundial (FEM) publicó en Pekín, China, el Informe de Competitividad Global 2010-2011, el cual presenta una visión de competitividad de 139 países basándose en el estudio de 111 indicadores incluidos en las siguientes 12 áreas de evaluación: instituciones, infraestructura, entorno macroeconómico, salud, educación primaria, educación superior y capacitación, eficiencia de mercado de bienes y laboral, desarrollo del mercado financiero, preparación tecnológica, tamaño del mercado, negocios e innovación.

En el Índice de Competitividad Global (ICG) del informe, el Perú ha mejorado cinco puestos con relación al año 2009, subiendo del puesto 78° al 73 fundamentalmente por 26 indicadores de fortalezas en las áreas de eficiencia del mercado de bienes y laboral, y desarrollo del mercado financiero, sin embargo, en muchos de los restantes 85 indicadores se observan serias debilidades.

Nos ubicamos en los 30 últimos puestos entre 139 países en el área de Instituciones: protección de la propiedad intelectual (puesto 123); confianza de los políticos (120); independencia judicial (119); carga de la regulación gubernamental (119); y costos de la delincuencia y violencia (119). En Educación: calidad del sistema educativo (124); calidad de educación primaria (133); y calidad de matemáticas y ciencia (133). En Innovación: calidad de instituciones de investigación científica (109); y gastos en investigación y desarrollo (113). Además, se indica que los principales factores negativos para realizar negocios en el Perú son: ineficiente burocracia gubernamental, corrupción y restrictivas regulaciones laborales.

Bajo este panorama, no hemos avanzado en generar una industria que elabore productos innovadores con mayor valor agregado, ni en la promoción de capital humano avanzado, tampoco en inversión en investigación y desarrollo y capacitación para el aprovechamiento de ventajas competitivas. El gobierno solo destina el 0.1% del PBI para innovación, ciencia y tecnología, y además, es mínima la inversión, convicción e interés de las universidades y empresas en esta importante área.

Otro factor fundamental que limita nuestra competitividad y productividad es que nos encontramos a la zaga en calidad del sistema educativo, y peor aún en matemáticas y ciencia. También en el área institucional mostramos graves deficiencias que debemos corregir para alcanzar una adecuada regulación de la política y el mercado. Solo progresando en estas tres áreas –innovación, educación e instituciones– nuestro país podrá mejorar su competitividad y alcanzar un crecimiento y desarrollo sostenible en el largo plazo.

Publicado en el diario EXPRESO, fecha 18 de setiembre de 2010

COMPETITIVIDAD RETROCEDE EN NUESTRO PAÍS

Teniéndose como premisa que la competitividad es el conjunto de factores que determinan el nivel de productividad de un país, y cuya mejora está estrechamente ligada a la reducción de la pobreza y al logro del crecimiento económico, el Foro Económico Mundial con sede en Davos, Suiza, llevó a cabo una reunión regional en Sao Paulo, Brasil, los días 5 y 6 de abril de 2006, en la cual se presentó un informe de competitividad global 2005 de 21 naciones de América Latina y el Caribe, comparándolas entre 117 economías del mundo.

Según este informe, el Perú ha ocupado el puesto 77°, retrocediendo 20 puestos en los dos últimos años ya que el 2004 ocupábamos el 67° y, el 2003, el 57°. También, en el nivel regional descendimos del puesto 11° al 12° entre 21 países. Cabe mencionar que el país más competitivo mundialmente es Finlandia, seguido de EE UU, Suecia y Dinamarca y, a nivel regional, es Chile, seguido por Argentina, Costa Rica y Brasil.

La medición del índice global de competitividad se basa en el análisis de tres factores, en los que el Perú ocupa puestos muy rezagados entre 117 países del mundo. Estos son: 1) Básicos, que incluye instituciones, infraestructura, estabilidad macroeconómica, salud pública y educación básica (ocupamos el puesto 82°); 2) De eficiencia, que contempla la educación superior, capacitación, eficiencia en los mercados y preparación tecnológica (puesto 70°) y, 3) De innovación, que incluye la calidad de los negocios y la innovación (puesto 82°). El informe también determina que los mayores problemas que inciden sobre los negocios con nuestro país son: inestabilidad política, burocracia, corrupción, reglamentación tributaria, infraestructura, regulación laboral e impuestos. Además, como mayor fortaleza, destaca nuestra situación macroeconómica y como debilidades, la innovación, ciencia y tecnología, instituciones, infraestructura, salud y educación.

A pesar de que el actual gobierno, con el fin de fomentar la competitividad, creó en el 2002 el Consejo Nacional de la Competitividad (CNC), según DS 024-2002-PCM con fecha 18 abril, sin embargo, recién después de tres años, en el 2005, se aprobó el Plan Nacional de Competitividad. Asimismo, el 22 de enero de 2006, según DS 001-2006-ED, ha sido aprobado el primer Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación para la Competitividad y el Desarrollo Humano (PNCTI) 2006-2021. Pero lo cierto es que el Perú sigue retrocediendo en el desempeño de la competitividad a nivel mundial y regional.

Considerando la importancia de aumentar la competitividad en nuestro país, el nuevo gobierno debería cambiar o mejorar la estrategia actual complementándola con políticas públicas dirigidas a aumentar la eficiencia del aparato estatal, mejorar la prestación de servicios sociales y educativos, así como fortalecer los canales de integración de la economía con el resto del mundo.

Publicado en el diario EXPRESO, fecha 20 de abril de 2006

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