El pasado día 1 el Institute for Management
Development (IMD) de Suiza y Centrum PUCP publicaron el Informe de
Competitividad mundial 2026, el cual evalúa, en 70 países, la capacidad de cada
uno para generar un entorno favorable en inversión, productividad y crecimiento
económico, para mejorar la calidad de vida y bienestar poblacional. La medición
en este informe se basa en la evaluación de 4 factores: Desempeño Económico (evaluación
macroeconómica), Eficiencia del Gobierno (favorecimiento de las políticas del
gobierno en incrementar la competitividad), Eficiencia de los Negocios
(desempeño innovador, eficiente y responsable de las empresas) e
Infraestructura (cumplimiento de los requerimientos en los recursos básicos,
científicos y humanos).
En el Ranking 2026 del
informe hemos registrado 43.3 puntos (puesto 60 entre 70 países), el más
bajo puntaje desde 2008 en que obtuvimos 56.3 puntos (puesto 35 entre 55
países), y desde dicho año, no podemos revertir la tendencia de decrecimiento
en materia de competitividad. Las mayores reducciones las tuvimos entre 2021 y
2026, en el actual gobierno de Castillo, Boluarte y Balcázar. En América Latina
Chile se ubica primero (puesto 43), seguido por Argentina
(58), Colombia (59) y Perú (60), atrás aparecen México
(62), Brasil (65) y Venezuela (70).
En el primer factor (Desempeño
Económico), la macroeconomía es nuestra mayor fortaleza, siendo el pilar del
crecimiento económico desde 1990 cuando se implementaron las reformas
estructurales que trajeron equilibrio, aunque nuestra economía demuestra
solidez en estabilidad de precios y mercados financieros, mostramos retrocesos
en empleo y comercio internacional, además, desde 2015 mantenemos un
crecimiento promedio estancado por debajo del 4%, lo que no permite reducir la
pobreza ni elevar la calidad de vida. En el segundo factor (Eficiencia del Gobierno),
ocupamos los últimos puestos en legislación empresarial y marco social, además,
el mal desempeño de nuestras instituciones limita el fortalecimiento competitivo,
para recuperarlo, requerimos de mayor inversión, crecimiento económico, mejorar
la inclusión y reducir la pobreza e informalidad.
En el tercer factor (Eficiencia
de los Negocios), estamos entre los 3 últimos puestos por baja productividad y
eficiencia, al respecto, la competitividad y sostenibilidad de cualquier
organización, depende de su capacidad para operar eficientemente, transformando
procesos, optimizando recursos y maximizando resultados. Y, en el cuarto factor
(Infraestructura), aunque cumple rol clave en el desarrollo económico y social
del país, registramos el peor resultado en los últimos 5 años, estamos en los 4
últimos puestos en infraestructura básica, tecnológica y científica, y,
principalmente, en sistemas de salud y educación, lo cual se agrava por una
inadecuada planificación y ejecución de proyectos de largo plazo, malas inversiones,
ineficiente burocracia gubernamental, corrupción y mala gestión.
Bajo este panorama, nuestro bajo nivel de
competitividad mundial está relacionado
principalmente a una deficiente e inconsistente productividad, déficit en
infraestructura urbana, logística, tecnológica y científica (según el Plan
Nacional de Infraestructura para la competitividad, la brecha, considerando el
acceso a servicios básicos, asciende a US$110 mil millones en el largo plazo,
la cual se cerraría en 40 años), además, por un deficiente avance en
investigación y desarrollo, baja calidad educativa y de salud, precaria
institucionalidad que posibilita corrupción, lavado de activos, narcotráfico,
inseguridad ciudadana e informalidad, y una grave inestabilidad política que
limita la inversión privada y los negocios internacionales. Esperamos que estas
deficiencias que afectan seriamente nuestra competitividad comiencen a revertirse
desde que Fuerza Popular asuma el gobierno.
Artículo de Alfredo
Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 11 de julio de 2026



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