El
precio del cobre sigue incrementándose en los últimos años por su demanda para
infraestructura de inteligencia artificial, transición energética, centros de
datos, electromovilidad, digitalización industrial, paneles solares, redes
eléctricas, entre otros. En 2025 su precio promedio fue de US$ 4.5 la
libra (US$ 11,243.00 la TM), para 2026 el promedio se estima en más de US$ 5 la
libra, inclusive la primera semana del año subió a US$ 6 la libra por primera
vez como máximo histórico (US$ 13,323.00 la TM).
Según
UBS Group AG, las limitadas aprobaciones de nuevos proyectos en los principales
países productores, combinadas con interrupciones y reducciones, han dado lugar
a niveles muy bajos de crecimiento de la producción en 2025 con el mayor
déficit global en los últimos 20 años, previéndose, además, un crecimiento
limitado en 2026. Inclusive S&P Global proyecta que la demanda mundial de
cobre crecerá un 50% hasta 2040 por haberse consolidado como uno de los metales
más estratégicos del siglo XXI, cuya disponibilidad condicionará el crecimiento
económico y tecnológico de las próximas décadas. En noviembre 2025 EEUU ha
añadido al cobre en la lista de minerales críticos que considera vitales para
su economía y seguridad nacional.
Nuestra
producción nacional de cobre en 2024 fue de 2.7 millones de TM, para
2025, aún sin datos oficiales, pero hasta octubre fue de 2.3 millones de
TM, que representa 30% del valor total de las exportaciones, lograda
principalmente por aumento de producción de Las Bambas con 348,500 TM (37.2%),
sin embargo, nuestros proyectos de exploración avanzan muy lentos, de 48 pendientes,
la mayoría de ellos no inician el proceso o están en etapa inicial de gestión
ambiental, la normativa y tramitología puede alargar su inicio por 7 años o más.
En cuanto a inversión cuprífera, según la cartera 2025 de Minem, existen 36
proyectos que suman una inversión de US$ 45,749 millones, la mayoría sin fecha
de inicio definida y en etapas de avance conceptual y de prefactibilidad, solo 7
considerados en ampliación, integración, reposición y optimización con etapa de
avance factible y con fechas de término de entre 2027 y 2053. Por reducidos
proyectos de exploración y menor producción, desde 2023 perdimos el puesto de
segundo productor mundial de cobre, cediéndoselo a la República del Congo.
Bajo
este panorama, tenemos enorme potencial en el cobre, sin embargo nuestro
crecimiento productivo es bajo. Su vertiginoso aumento de precio y creciente
demanda debe ser aprovechado por nuestro país, para ello, es necesario incrementar las exploraciones, fomentar y
ampliar las inversiones privadas mineras, para así mejorar nuestra producción;
las enormes cantidades de proyectos presentados en cartera por el Minem, son eso,
“proyectos”, lo importante es hacerlos viables y concretarlos para que generen
recursos. Es necesario mejorar la estabilidad política e institucional para
atraer capitales y solucionar los
desafíos estructurales que tenemos, entre ellos, desarrollo sostenible de los
proyectos, mejorar los asuntos técnicos, sociales con las comunidades
campesinas, ambientales, regulatorios, logísticos, procedimientos
administrativos, de inseguridad e informalidad, además, los problemas de
capacidad productiva regional (envejecimiento de yacimientos y menor ley del
mineral), y lo más importante, enfrentar la minería ilegal del cobre
principalmente en el sur del país, que según el IPE puede procesar hasta 20,000
TM diarias.
Artículo
de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO. fecha 17 de enero de
2016



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