Artículos de opinión de Alfredo Palacios Dongo

PARALIZACIÓN DE OBRAS PÚBLICAS PUEDE AGRAVARSE CON EL CAMBIO DE PRESIDENTE INTERINO



 

Al haber elegido el Congreso, el miércoles 18, al congresista Balcázar, presidente de la Mesa Directiva, y a la vez, presidente de la República Interino, el hecho de ostentar una agenda política comunista radical de Perú Libre y por su extrema y controvertida trayectoria genera mucha desconfianza, podríamos pasar por un período de 5 meses de inestabilidad que complique seriamente reformas como la ley MAPE, la situación de Petroperú y del INPE, el contrato G2G entre Perú y Francia por anulación unilateral de asesoría técnica, así como el plan de seguridad ciudadana y la compra de aviones para la FAP.

 

Pero también puede afectar significativamente la reactivación de miles de obras públicas paralizadas o abandonadas a lo largo del país. Según el Banco Mundial, en su último informe “Perú, Revisión de las finanzas públicas: movilizando recursos para la prestación de servicios y el crecimiento”, advierte que desde 2012, aproximadamente el 45% de los proyectos de inversión pública iniciados permanecen detenidos, lo cual equivale a alrededor del 17.3% del PBI, y 47% del gasto ejecutado no estaba previsto en el presupuesto, evidenciando fallas en planificación y gestión de la inversión pública. Además, la Contraloría General de la República reportó que hasta enero 2026 hay 2,741 obras paralizadas a nivel nacional en los 3 niveles de gobierno por un monto de inversión de S/67,139 millones, y, según la ministra de Economía Miralles, se han identificado 12,575 proyectos con problemas de financiamiento que superan los S/21,000 millones, anunciando la utilización de un crédito suplementario a partir de abril y priorizará recursos ya distribuidos para continuar 249 obras paralizadas y desfinanciadas sobre proyectos nuevos (DU-001-2026-EF).

 

La inversión pública utilizada para iniciar obras de infraestructura a nivel nacional, o mejorar o recuperar las ya construidas, son fundamentales para el crecimiento social y económico de nuestro país, principalmente en proyectos viales, hidráulicos, mineros, hidrocarburos, irrigación, ferroviarios, portuarios, aeroportuarios, eléctricos, telecomunicaciones, obras urbanas de servicio público (agua, electricidad, transporte y alumbrado), en seguridad pública, en  escuelas, hospitales, y en vivienda y alimentación. La obra pública es el verdadero motor del desarrollo, y su inversión debe ejercerse con eficacia, eficiencia y honradez, por ser crucial para reactivar la economía y mejorar el bienestar social y el desarrollo de nuestro país.

 

Bajo este panorama, increíblemente el 20% de las obras del Gobierno nacional se encuentran paralizadas, y en el ámbito regional un 15%, la mayoría por incumplimientos contractuales, falta de recursos financieros y liquidez, deficientes expedientes técnicos, discrepancias, controversias, arbitrajes, denuncias y los habituales casos de corrupción en las grandes, medianas y pequeñas obras públicas (coimas por asignación de obras y coimas asociadas con su calidad y utilidad).

 

Lo correcto sería transparentar, controlar y fiscalizar las obras en todas sus etapas, primero debería hacerse público los pasos previos (expediente técnico de justificación de la obra y su necesidad), posteriormente, controlarse y fiscalizar todo su desarrollo, desde su planeamiento, contratación, adjudicación y ejecución hasta concluirlas, con la premisa de cero tolerancias a la corrupción y elevación de los estándares éticos. Y sobre los miles de obras públicas paralizadas, su reactivación debe solucionarse en acción coordinada de los niveles del Estado (nacional, regional y local) aunque en este período de nuevo gobierno interino hasta julio no esperemos ningún avance al respecto, por el contrario, puede seguir agravándose.  

 

Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 21 de febrero de 2026

 


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