Artículos de opinión de Alfredo Palacios Dongo

REFLEXIÓN DE INICIO DEL 2026: POLÍTICA, ÉTICA Y BIEN COMÚN


 

El bien común es el conjunto de prácticas y actividades desarrolladas para beneficio de toda la sociedad, encaminándolas a un principio cohesionador y vinculador de orden social, a través del cual se propicia la plena realización de la persona humana, con mejores condiciones de vida y respeto de su dignidad, su desarrollo, realización, y condiciones para satisfacer sus necesidades primarias, propende además al fortalecimiento social, su integración armónica e igualdad de oportunidades en la vida nacional.

 

Nuestra actual Constitución se ocupa del bien común en el capítulo III del título III del régimen económico (artículo 70°) al tratar sobre la inviolabilidad del derecho de propiedad, especificando que “El Estado lo garantiza. Se ejerce con armonía al bien común y dentro de los límites de la ley”; en el capítulo I, artículo 58°, referido a la libertad de iniciativa privada ejercida en una economía social de mercado, dispone que “Bajo este régimen, el Estado orienta el desarrollo del país, y actúa principalmente en las áreas de promoción del empleo, salud, educación, seguridad, servicios públicos e infraestructura”. Estos campos de desarrollo están íntimamente relacionados al bien común como principio ético, social y político, y, de cumplirse por el Estado, permitirían encaminar el desarrollo integral de los miembros de la sociedad. Asimismo, la jurisprudencia del Tribunal Constitucional, en distintos fallos, utiliza el término bien común, y otros, como interés general, interés público, bienestar general u orden público, que compatibilizan con la finalidad del bien común.

 

En este contexto, el principio y fin ético de la política debe tener como objetivo la búsqueda del bien común para los integrantes de la comunidad, el cual se adquiere con valores y principios éticos que fortalezcan la conciencia y movilicen la acción humana (sentido solidario, cooperación, justicia, paz, conciencia cívica, fortaleza moral, sentido ético), debiendo el gobierno, para alcanzarlo, utilizar como principales instrumentos la justicia y rectitud moral, la justa distribución de la riqueza, educación, leyes y paz social.

 

Sin embargo, la política, que debe ser la fuerza que moldee la sociedad con una verdadera dimensión de propósito colectivo y principio de justicia con visión de futuro y de bien común, está muy distante de la ciudadanía, los partidos políticos “con muy pocas excepciones” se han convertido en una casta política profesional del que obtienen ventajas personales para su propio beneficio, se trata de una lucha por el poder carente de principios y dimensión de proyecto común o transformación social, desligada de principios morales que envilecen nuestra ética nacional.

 

Bajo este panorama, nuestros últimos gobiernos, desde el ejercicio del poder, han tomado un camino muy divergente a la construcción del bien común y la ética política, con ausencia de valores morales, ocasionando, en los tres niveles de gobierno, corrupción, enriquecimiento ilícito, mal uso de recursos y bienes públicos empleándolos en intereses personales y/o partidarios, promesas incumplidas, falta de justicia, inseguridad ciudadana, criminalidad y violencia, entre otros, que se contraponen a los valores éticos y que no  permiten alcanzar el bien común, lo cual afecta a la población y la está conduciendo al desinterés ciudadano y a un punto muy elevado de insatisfacción.

 

Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 3 de enero de 2026

 


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