Artículos de opinión de Alfredo Palacios Dongo

NUESTRA ABANDONADA FRONTERA CON BRASIL Y COLOMBIA


En la denominada triple frontera se unen los dos mayores productores mundiales de cocaína (Colombia y Perú) y el mayor consumidor en Latinoamérica (Brasil). La localidad de Santa Rosa, último poblado peruano de la región Loreto colinda con Leticia (Colombia) y Tabatinga (Brasil) y es conocido como centro de acopio de drogas; aún con esporádicas operaciones contra el narcotráfico policiales y militares entre los tres países, en nuestra frontera se incrementa el tráfico de drogas conforme aumentan los cultivos de coca; la pasta básica pasa literalmente flotando desde Santa Rosa a Leticia y Tabatinga escondida en botes y hasta en vientres de pescados congelados es una corta navegación de cinco minutos por el río Amazonas. Santa Rosa tiene apariencia de abandono, calles de tierra, suelos inundables, dos pequeñas escuelas, una posta médica y mínimo personal policial, sin embargo, en la zona de nuestra frontera la trata de personas es una actividad cotidiana donde muchas menores son traídas vía fluvial desde Iquitos.

Desde 2006 nuevas tecnologías de narcotraficantes permitieron el cultivo y procesamiento de coca en zonas húmedas. En la provincia de Mariscal Castilla con sus cuatro distritos (Yavarí, Ramón Castilla, Pebas y San Pablo) en su capital Caballococha y en Cushillococha y Bellavista Erené se estima que actualmente existen unas 15,000 hectáreas de cocales ilegales que son convertidas en pasta básica cuyo precio por kilo es US$ 300 en el lado peruano, pasándolo a Leticia aumenta a US$ 2,000 y a Tabatinga a US$ 3,000, la cocaína de alta pureza hasta triplica estos precios. En 2015 en estas zonas se erradicaron 13,800 hectáreas pero en 2016 no hubo erradicación por amenazas de muerte de narcotraficantes colombianos, y actualmente, además de la resiembra, se cultivan nuevas áreas alejadas de asentamientos humanos en ambas márgenes del río  Amazonas (San Pablo, San José de Cochiquinas, Alto monte y Nuevo Chimbote).

Bajo este panorama, el Estado está ausente en nuestra abandonada triple frontera a pesar de la existencia de narcotráfico enraizado en la economía local. Hace cuatro años el gobierno presentó un programa de apoyo para su desarrollo sostenible fortaleciendo la presencia del Estado, el acceso a servicios básicos e infraestructura, y en el que Devida priorizaría un plan de emergencia para ejecutar programas de desarrollo productivos a corto plazo e iniciativas laborales y de empleo de impacto rápido, lo cual lamentablemente jamás se llevó a cabo.

Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 21 de abril de 2018


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