Artículos de opinión de Alfredo Palacios Dongo

DESCIENDE ÍNDICE DE DESARROLLO HUMANO EN PERÚ

El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) presentó el 27 de noviembre de este año, en Brasilia, su último “Informe sobre Desarrollo Humano 2007-2008”. Este documento incluye un Índice de Desarrollo Humano (IDH) basado en tres elementos esenciales de la vida humana: vida larga y saludable (esperanza de vida), conocimientos (analfabetismo y matrículas en los distintos grados de educación) y niveles de vida dignos (ingreso per cápita).
Sobre la base de estos elementos, analiza en 35 cuadros el desempeño de los países en desarrollo humano, en indicadores referidos a la pobreza, salud, educación, desempeño económico, uso de recursos, seguridad, igualdad de género e instrumentos de derechos humanos y laborales.

En dicho IDH, nuestro país ocupa el puesto 85° entre 177 países. Es preocupante el descenso –con tendencia decreciente– de seis puestos registrado durante los últimos tres informes. Desde el puesto 79° el 2005, al 82° el 2006 y al 85° en el último informe 2007-2008. Asimismo, nos encontramos en el rango de desarrollo humano medio –a diferencia de Argentina, Chile, Uruguay y Brasil, ubicados en el rango alto– y, en América del Sur, ocupamos el 9° puesto entre 13 países, solo delante de Ecuador, Paraguay, Guyana y Bolivia.

Desde hace seis años, nuestro país mantiene niveles sostenidos de crecimiento económico y de PBI per cápita, han aumentado las exportaciones, las Reservas Internacionales Netas (RIN) y asimismo se registran cifras macroeconómicas optimistas. La pregunta sería ¿Por qué con este favorable panorama económico se mantiene un nivel de desarrollo humano tan bajo? La respuesta está en que el desarrollo humano no necesariamente se asocia únicamente a la generación de riquezas e ingresos. Es decir, no existe un vínculo automático entre el crecimiento del ingreso y el progreso humano y preservación de la calidad de vida.

Para mejorar nuestro desarrollo humano, se requiere indispensablemente que dichos niveles de crecimiento económico se reflejen, entre otros, en la disminución de la pobreza (45%), en la brecha de desigualdad entre pobres urbanos y rurales (15.3%), en la desnutrición crónica (31% en menores de 5 años) en la anemia (solo en Lima, la padecen 5 de cada 10 niños menores de 2 años) y el analfabetismo (18%). Además, debe mejorarse la distribución de la riqueza, de la calidad educativa (último lugar en educación primaria entre 131 países), el acceso a los servicios básicos –agua, desagüe, luz, telefonía, etc.– e incluirse a todos los sectores en el desarrollo del país.

El gobierno debe promover no solo el incremento del volumen, calidad y equidad del gasto social, sino que además debe supervisarlo y controlarlo en su distribución para destinarlo con eficacia, como acceso imparcial de oportunidades, a la mejora de la situación del desarrollo humano de la población.

Publicado en el diario EXPRESO, fecha 8 de diciembre de 2008

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