Artículos de opinión de Alfredo Palacios Dongo

CANSADOS DE PROMESAS ELECTORALES

Las promesas electorales se han convertido prácticamente en consigna de los postulantes a la presidencia. A menos de 3 meses de las elecciones generales (10 de abril) hemos escuchado hasta el cansancio excesos de ofertas electorales que dan rienda suelta a demagogia y ambigüedad, declaraciones genéricas, promesas con evidente estrategia populista carentes de sentido, absurdas, inalcanzables e incoherentes entre el discurso político y la realidad.

Entre algunas de ellas tenemos: construir un tren bala de Tumbes a Tacna, internet gratuito para todo el Perú, reactivar la economía en 4 meses, refundar la policía, reducir la delincuencia en 12 meses, invertir S/.25,000 millones en seguridad ciudadana (actualmente se destina S/. 500 millones) y conformar un grupo élite similar al FBI y Mossad, limpiar el Poder Judicial y la Fiscalía, destinar 6% del PBI a educación (requiere aumento de S/. 13,800 millones), crear millones de empleos, reducir la informalidad laboral, suspender pagos de impuestos, reducir el IGV y el IR, endeudar el Estado para invertir en infraestructura, incrementar la presión tributaria, incrementar sueldos y la remuneración mínima vital hasta en S/.1,000 etc., pero por supuesto, promesas sin fundamento técnico ni explicación alguna de cómo las concretarán.

La política es una actividad esencialmente humana y civilizadora, es un quehacer social cuyo principal fin es el de alcanzar el bienestar de la sociedad mediante patrones de acción, organización e institucionalización. Y esta realidad no se logra con promesas ni intereses personales o partidarios, solo se alcanzará con un claro, realista y consistente plan de gobierno y un verdadero compromiso para con los ciudadanos por quien gane las elecciones, y cuya esencia debe ser el logro del bien común que cautele el bienestar (desarrollo económico y seguridad) y el servicio a los demás (implementación de políticas sociales que apunten a igualdad de oportunidades y equidad), lo que constituye en general los máximos valores públicos de la democracia.

Bajo este panorama las promesas incumplidas solo frivolizan la función pública y disminuyen la calidad de la política, además representan una enorme irresponsabilidad para con la población y afectan el camino de nuestro país hacia el desarrollo. Ya no queremos promesas, sino propuestas integrales, reformas concretas, metas, derroteros y pautas definidas, soluciones sostenibles, y principalmente la explicación de cómo lo harán, su plazo de concreción, cómo se financiarán y los costos que éstas implicarán.

Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 22 de enero de 2016


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