Artículos de opinión de Alfredo Palacios Dongo

FALTA DE ÉTICA EN LA POLÍTICA

Hemos visto con asombro al congresista nacionalista Omar Chehade asumir el pasado día 13 la presidencia de la Comisión de Constitución a pesar que al juramentar como Vicepresidente de la República lo hizo por la anterior Constitución de 1979, cargo que se vio obligado a renunciar 6 meses después (16 enero 2012) por participar en una reunión en la que se trató de influenciar al gobierno para que la policía desaloje la azucarera Andahuasi y entregarle la administración al grupo Wong. 

Un día después en la Comisión Permanente del Congreso se salvó del desaforo –por un solo voto– acusado del presunto delito de patrocinio ilegal, y además, en diciembre 2011, fue suspendido 120 días por el pleno del Congreso.    
Pero lo increíble fue que Chehade logró dicha presidencia con el voto unánime de la bancada fujimorista solo asegurándoles respetar la Constitución vigente de 1993, aunque poco antes reiteró que era un documento espurio (falso, ilegítimo, adulterado). Anteriormente Keiko Fujimori acusó de “mitómano” a Chehade y rechazó el blindaje para evitar su desaforo, y éste, a su vez, denunció la inmoralidad del entorno de Fujimori para manipular el indulto de Alberto Fujimori, pero incomprensiblemente ahora “no se opone a que se modifique la ley para que cumpla su sentencia con arresto domiciliario”.

Este es solo un ejemplo de grave falta de ética en la política, pero existen muchos otros: la penosa “repartija” en el Congreso con componendas para designar funcionarios, el aprovechamiento político de congresistas al entregar donaciones en actividades proselitistas, mentir en sus hojas de vida, realizar tráfico de influencias y nepotismo, y hasta nombrar a la Comisión de Defensa congresistas –ex dirigentes cocaleros– con ideologías violentistas. Solo en los 2 últimos períodos legislativos se revisaron 196 denuncias contra congresistas.  

Bajo este panorama existen justificadas razones de desconfianza y sospechas de la ciudadanía sobre las actuaciones, decisiones, conductas y prácticas de muchos políticos. La integridad, transparencia y probidad son principios fundamentales de ética política, pero lamentablemente éstos son continuamente transgredidos.

Las trapacerías que se producen en el ámbito político por falta de ética y corrupción tienen un profundo impacto negativo sobre la sociedad. Cuando un país logra, a través del ejemplo de las autoridades, imprimir valores éticos en la conciencia colectiva, recién se produce el inicio del gran cambio hacia su progreso.

Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 24 de agosto de 2013



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