Artículos de opinión de Alfredo Palacios Dongo

PENALES: GRAVE SITUACIÓN

Dos graves asesinatos ocurrieron dentro del penal de Lurigancho, en Lima. El primero, un preso estranguló a una mujer enterrándola en su propia celda –hace dos meses y recién fue descubierto–, y el segundo, de un recluso que tenía solo cuatro días internado. Cuando suceden estos casos graves, ritualmente se ejecuta una tardía requisa –en solo dos pabellones encontraron 60 celulares, 130 armas blancas y 30 galones de bebidas alcohólicas–, pero además, las noticias y el debate obliga a las autoridades a tomar acciones coyunturales, sin embargo, después de unos días todo continúa igual hasta el siguiente suceso.
                                     
El sistema penitenciario no da para más. El hacinamiento y sobrepoblación son males endémicos. A nivel nacional existen 79 penales solo para 24,000 internos, pero albergan 46,000 –92% sobrepoblados–, de los cuales alrededor del 45% tienen entre 18 y 28 años de edad. Lurigancho puede recibir 3,500 internos, pero tiene 8,000 –129% sobrepoblado–, e increíblemente continúan ingresando diariamente unos 30 internos. El penal de Sarita Colonia, en el Callao, y los de Cañete y Huaral, tienen individualmente capacidad para 560 internos, pero la sobrepoblación casi se cuadriplica, ya que cada uno de ellos alberga un promedio de 2,500 internos.

Solo durante este año ocurrieron casos muy graves: en el penal Piedras Gordas de “máxima seguridad” los reos sabotearon el sistema de bloqueo de celulares, instalaron antenas, y se detectaron llamadas para extorsionar; en Lurigancho, encontraron una mini ametralladora, y en el Día de la Madre hubo una descomunal juerga consumiéndose miles de latas de cerveza;  en los penales de Huancas en Chachapoyas, Puerto Maldonado en Madre de Dios, y Carquín en Huacho, hubieron motines y reyertas, resultando 5 muertos y 16 heridos; en Abancay, delincuentes tomaron el penal y rescataron 4 narcotraficantes;  en Sarita Colonia, en día de visita, mataron a un interno delante de su esposa por no pagar cupos, y hasta hubieron reuniones de altos mandos terroristas; en Río Seco, Piura, un interno efectuó 1,997 llamadas por celular, y en una requisa se encontraron 863 armas blancas.

Bajo este panorama, en los centros carcelarios prevalece la sobrepoblación, el hacinamiento, descontrol, inseguridad y corrupción. No existe clasificación ni tratamiento que facilite la rehabilitación y reinserción de los internos en la sociedad, sino por el contrario, son verdaderas escuelas del delito donde se planifican robos, extorsiones y crímenes. El gobierno debería declarar en emergencia el sistema penitenciario y emprender urgentes reformas estructurales, en su gestión, modo de funcionamiento y modelo de administración.

Publicado en el diario EXPRESO, fecha 4 de diciembre de 2010


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