Artículos de opinión de Alfredo Palacios Dongo

TUBERCULOSIS, LA ENFERMEDAD DE LA POBREZA

El día martes 24 se conmemoró el Día Mundial de la Lucha Contra la Tuberculosis (TBC), la enfermedad infecciosa más peligrosa y letal del mundo por ser responsable de la muerte de unas 2.5 millones de personas cada año –alrededor de 7,000 muertes diarias– así como el contagio de otros 9 millones de seres humanos.

Una última investigación hispano-francesa publicada el 11 de noviembre pasado en la revista médica “Plos Pathogens”, ha descubierto que esta enfermedad tiene mecanismos que permiten que el bacilo Mycobacterium tuberculosis se esconda dentro del organismo al utilizar como reservorio unas células inmunitarias llenas de nutrientes denominadas macrófagos espumosos, por lo que puede permanecer latente y reactivarse al cabo de unos años. Por tal motivo, cuando su tratamiento regular –de seis meses– es suspendido o abandonado, se convierte en tuberculosis multidrogorresistente (TBC-MDR), la cual es más contagiosa y requiere el uso de antibióticos múltiples cien veces más costosos que los regulares y ampliando su uso, mínimo por dos años.

En nuestro país lamentablemente la TBC tiene una alta incidencia debido a las condiciones sociales y la pobreza. A pesar que es considerada prioridad sanitaria nacional, anualmente se diagnostican unos 30,000 nuevos casos y se reportan alrededor de 1,000 muertes. Según la Organización Panamericana de la Salud y la Alianza Alto a la Tuberculosis de la Organización mundial de la Salud (OMS), en América Latina y el Caribe el Perú registra la mayor cantidad de casos (35,000) seguido de Haití y Bolivia. Igualmente, en febrero de 2008 la OMS advirtió que están aumentando los casos de TBC multidrogorresistente por falta de una adecuada capacidad de diagnóstico.

Las condiciones socioeconómicas juegan un papel preponderante en el incremento de la TBC en nuestro país. Según la Dirección de Salud (DISA) IV Lima Este, el 2008 se registraron 2,265 nuevos casos en solo cuatro distritos de este Cono. En uno de estos, el de San Juan de Lurigancho, en noviembre pasado al detectarse algunos casos de TBC entre los estudiantes de la Institución Educativa N° 121 “Virgen de Fátima”, en los exámenes médicos se determinó que el 80% de ellos presentaban cuadros de desnutrición.

Recientemente el presidente Alan García ha hecho un llamado a ayudar a que las personas que sufren TBC continúen sus tratamientos para así erradicar este mal. Sin embargo, por tratarse de una enfermedad “oportunista” que ataca a los más débiles, además del requerimiento de fortalecer los sistemas de salud, es prioritario dirigir esta lucha hacia la reducción de los índices de pobreza (existen 14.6 millones de pobres), de desnutrición crónica (en algunas zonas alto andinas afecta hasta el 90%), de déficit calórico (se incrementó a nivel nacional de 27.3% a 30.5% en el 2008) y la desigualdad (aumentó en 17 de los 24 departamentos entre el 2004 y 2007).

La erradicación progresiva de la TBC solo podrá lograrse con un enfoque integral: En el campo de la salud, efectivizando la detección, el diagnóstico, el tratamiento y la supervisión de los enfermos; y en el campo socioeconómico, mejorando las condiciones de vida de los más pobres, que son a quienes esta terrible y letal enfermedad les produce más estragos.

Publicado en el diario EXPRESO, fecha 4 de abril de 2009

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