Artículos de opinión de Alfredo Palacios Dongo

PANORAMA DE SEGURIDAD EN LA REGIÓN FRENTE A LOS NUEVOS DESAFÍOS

El escenario mundial y la globalización nos obligan, cada vez con mayor intensidad, a reconocer que a pesar que el sistema internacional identifica a los Estados Nación como soberanos y actores únicos, existe una necesidad perentoria de integración de los países con el fin de garantizar los intereses nacionales.

Los nuevos conceptos y nociones de seguridad conjuntamente con una serie de desafíos que enfrenta la región, tales como seguridad fronteriza, resguardo de los recursos naturales, narcotráfico, terrorismo, narcoterrorismo, delincuencia organizada, fundamentalismo, pobreza, exclusión, ecología, medio ambiente, vacío geopolítico, entre otros, afectan a los Estados Nacionales en cuanto a su propia seguridad.

En este panorama, existe una innegable necesidad de buscar y concertar una agenda común de seguridad en Sudamérica que logre su fortalecimiento para enfrentar juntos estos desafíos. Sin embargo, se presenta un camino muy complicado y difícil que recorrer.

Como sostiene el gran geopolítico americano Saúl Cohen, plasmado en su mapa geoestratégico, Sudamérica se encuentra en una esfera de marginalidad estratégica, esto es, no encerramos en nuestro seno a ninguna potencia nuclear ni tenemos enclaves de otras potencias que sean vistos como un reto por ninguna de las potencias mundiales. Somos un conjunto de nueve naciones que reúnen entre ellas una potencia emergente, Brasil; y un conjunto de países en proceso de modernización o en vía de desarrollo. Salvo Brasil, y aún esto bajo condición, ninguno de nuestros países aislado puede tener, ni desarrollará por si solo en ningún futuro previsible, la masa de poder necesaria para ejercer una verdadera soberanía y por consiguiente ser actores del escenario internacional. Por separado estamos condenados a una posición de marginalidad y periferización cada vez más pronunciadas.

La situación de integración en nuestra región con respecto a otras regiones, es paradójica porque nuestro continente, a diferencia de todos los otros, tiene prácticamente una unidad de lenguaje, y ciertamente una macro unidad cultural. Nuestras respectivas identidades nacionales son variantes de una identidad básica que nos es común. Además de eso, tenemos hasta una religión mayoritaria común. Desde el punto de vista geoestratégico, gracias al Canal de Panamá –actualmente en proceso de ampliación– somos prácticamente un continente isla abierto a los dos océanos principales y con control sobre dos pasos estratégicos de relevancia mundial. En cuanto al punto de vista geoeconómico, tenemos dadas todas las condiciones para una cuasi autarquía. En nuestro continente se dan todos los recursos estratégicos, desde energéticos, petróleo, gas, uranio y todo tipo de minerales, pasando por fuentes de proteínas como las que se encuentran en nuestro Océano Pacífico, o las que se pueden desarrollar en las pampas argentinas o en las sabanas del norte, así como también contamos con uno de los principales bosques y reservorios de agua dulce del planeta.

Se podría alegar que un límite impuesto a la posibilidad de la constitución del espacio sudamericano viene dado por la desarticulación del continente. Durante demasiado tiempo hemos estado preocupados de aislarnos unos de otros. Sin embargo, las necesidades mismas de los procesos económicos actuales hacen indispensable un proceso de integración que se viene reflejando, aunque muy lentamente, en el desarrollo de la llamada infraestructura logística sudamericana. Nuestro continente requiere integrarse en un gran sistema de carreteras, puertos, hidrovías y sistemas de telecomunicaciones. Es necesaria la integración de Sudamérica en infraestructura sobre la base de un esquema de “ejes de integración” y el desarrollo de centros de producción y mecanismos de distribución de energía e infraestructuras y comunicación autónomas. Esto generará una nueva realidad política, puesto que una vez en plena actividad generará una interdependencia de capital importancia para la supervivencia de nuestras naciones. Por ejemplo, la destrucción de una central energética o un gasoducto en un país sudamericano podría paralizar la producción en otro.

Desde la estandarización de la visión estratégica de Warden, la protección de la infraestructura crítica se ha convertido en tarea clave de seguridad para las FF AA de toda potencia. Además, esta infraestructura crítica puede ser amenazada tanto por enemigos convencionales como no convencionales. Estos blancos son de tal naturaleza que pueden ser atacados por FF AA clásicas o por grupos terroristas o seudo terroristas interesados en afectar nuestro desarrollo. En su libro “Guerra por los recursos: el futuro escenario del conflicto global”, Michael T.Klare, experto en seguridad internacional pronostica que los enfrentamientos políticos de la Guerra Fría están siendo reemplazados por una inmensa y caótica lucha por los recursos naturales como los combustibles, madera, minerales y agua y considera que la era actual se caracteriza por la tensión medioambiental cada vez más aguda y la aceleración de la competitividad internacional. En este sentido, ya las FF AA argentinas están implementando una nueva doctrina denominada “la guerra de los recursos” sobre la base de hipótesis de conflicto por competencia de recursos naturales, especialmente hídricos, cuyo proceso culminará en el 2025.

En este contexto, la integración del espacio sudamericano existe como idea desde hace muchas décadas pero hasta ahora no ha sido posible llevarla a la realidad debido a que la región es bastante compleja debido a la existencia de intereses nacionales contradictorios y la ausencia de un proyecto serio de integración. Así, la Comunidad Sudamericana nació con poca consistencia en una reunión en el Cuzco, Perú; ni siquiera se firmó su constitución formal suscribiéndose solamente una declaración el 8 de diciembre de 2004. Posteriormente en Cochabamba, Bolivia se presentó una escena similar no solo por la ausencia de importantes mandatarios, sino porque no hubieron avances significativos. Recién el 17 de abril de 2007 se ha creado la Unión de Naciones sudamericanas sobre la base de dicha Comunidad y teóricamente debería seguir el patrón de la Unión Europea. Lo que esta nueva institución debería lograr en el mediano plazo es tomar todas las acciones necesarias para contar con moneda única y pasaporte común, así como la existencia de un parlamento sudamericano.

Sin embargo, en las relaciones entre los países de la región se presentan muchas complicaciones que influyen de manera negativa en los procesos de entendimiento e integración regional. Veamos: Argentina con Uruguay ventilan ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya (CIJ) un conflicto por la instalación de este último de una procesadora de celulosa sobre la orilla del fronterizo río Uruguay que según Argentina provocará serios daños al medio ambiente, lo cual genera constantemente bloqueos de puentes y amenazas.

Por otro lado, Perú con Chile mantienen una controversia de larga data sobre la delimitación marítima y en el corto plazo el Perú presentará una demanda a dicha CIJ lo cual ha ocasionado voces desmedidas y destempladas por parte de los actores políticos chilenos tales como “agresión”, “provocación inamistosa” o “la derivación de un eventual conflicto bélico”. En el caso de Bolivia, esta intensificando la antigua demanda a Chile sobre su salida al mar y, de acuerdo al Tratado de 1929, también involucra a Perú. Entre Colombia y Venezuela existe una difícil y tensa convivencia la cual se ha hecho especialmente complicada en los últimos años por la forma como ambos países se relacionan con EE UU. En tanto Ecuador con Colombia mantienen un conflicto debido a fumigaciones que realiza este último desde principios de 2007 cerca de la frontera común con herbicida glifosato. Según Ecuador esto afecta la naturaleza y las poblaciones cercanas, por lo tanto prepara una demanda a la CIJ y ha amenazado la interceptación de aviones fumigadores.

Por otro lado, en el ámbito de las políticas de Defensa y armamentismo se presenta un panorama inestable, confuso y con pocos consensos o referentes. Tal como se vienen presentando los acontecimientos, las cifras difundidas por diversos centros internacionales de estudios y análisis de defensa señalan que en la región, donde no se han presentado graves enfrentamientos en el siglo XX y las relaciones entre los países se podrían considerar “relativamente satisfactorias”, se ha presentado en los últimos años un peligroso desequilibrio estratégico en la región debido a las grandes adquisiciones de armamento de última tecnología especialmente por parte de Brasil, Chile, Colombia y Venezuela. En el caso de Brasil, además de presentar los mayores gastos en armas en la región, acaba de iniciar un plan de aceleración del crecimiento militar con el que pretende reequipar sus FF AA y reconstruir su industria bélica. Según el mismo presidente Lula Da Silva, el plan estratégico de defensa, que sería completado en un año, permitiría a Brasil convertirse en una potencia mundial en el siglo XXI. Por su lado Chile dedica más del 3.5% de su PBI para defensa, además de los elevados recursos que les otorga a las FF AA su “Ley Reservada del Cobre”, generando una carrera armamentista ofensiva sin precedentes con el pretexto de renovación de material obsoleto. En el caso de Colombia, según el Instituto de Estudios Estratégicos de Londres (IISS), se ha convertido en el segundo país con mayores gastos en Sudamérica después de Brasil, con un monto de US$ 2.840 millones anuales. También Venezuela desde hace más de un año ha iniciado un proceso de adquisiciones militares sobre la base de un plan de modernización que se proyecta sin interrupciones hasta el 2012. Las nuevas “Fuerzas Armadas Bolivarianas” –un cuerpo esencialmente patriótico, popular y anti-imperialista– son reforzadas por una “milicia popular” colocada bajo la autoridad directa del presidente Hugo Chavez.

Definitivamente, estos procesos que conllevan enormes adquisiciones de armamento por parte de dichos países esta ocasionando una acelerada carrera armamentista que esta modificando el equilibrio estratégico no solo con sus vecinos sino que además pueden perturbar la normalidad y suscitar reacciones de otros países sudamericanos y asimismo, se interpone de manera frontal a la concertación de una agenda de seguridad común y de una política de defensa a nivel regional.

Según el director de la revista argentina DEF especializada en temas de defensa, Gustavo Gorriz, conceptúa la situación de Sudamérica de manera muy objetiva y precisa: “Esta es una región tranquila pero existen numerosas fuentes de crisis, y cuando uno sabe que tiene fuerza, puede tener la tentación de usarla”.

En este contexto, las tendencias del sistema mundial y la situación regional nos obligan a lograr un nuevo escenario en el que Sudamérica está llamada como unidad a ser gran potencia y tener un peso planetario. La riqueza despierta la codicia y suscita peligros que deben ser afrontados. Es evidente que una gran potencia sudamericana, dada su naturaleza política democrática, no puede ni debe ser agresiva, sino su tarea debe ser más bien contribuir a un balance de poder global que impida cualquier intento de alteración violento del orden mundial. Pero para este papel pacífico, ajeno a toda pretensión expansionista se requiere una fuerza militar proporcionalmente adecuada.

Los ingentes recursos regionales son codiciados por otros y lo serán cada vez más. Homer-Dixon ha demostrado como los conflictos por recursos proteínicos y medio ambientales se van a agudizar en este siglo. Las fuentes de alimentos en el Océano Pacífico, nuestras especies marinas transzonales, los recursos naturales, los bosques y las fuentes de agua en la Amazonía van a ser de tal modo codiciados que se pretenderá que, si no somos capaces de garantizar su protección e impedir su depredación, debemos ser privados de ellas. Por consiguiente, una tarea fundamental de nuestras FF AA en el futuro cercano deberá ser la protección estas grandes reservas, cosa que no podremos hacer sino colectivamente, por la naturaleza de las mismas.

En suma, la primera tarea urgente y vital de nuestras FF AA, es la de asegurar de tal manera el orden y la protección de nuestro ámbito, que no quede pretexto para una intervención extra-regional. Esto supone ya un nivel de por lo menos coordinación de las políticas de protección y defensa comunes. En el largo plazo, deberíamos de pasar de dicha etapa de medidas de confianza a otra de seguridad colectiva, coordinada y estructurada apuntando a un mando regional, tal como el que esta sucediendo en la Unión Europea, donde las responsabilidades se asumen de acuerdo a cada situación y posicionamiento geográfico, existiendo un mando supremo rotativo. Naturalmente, tal como hemos podido apreciar en el presente análisis, como no existe la armonía ni las condiciones preestablecidas, todos estos desarrollos y procesos requerirán de una suficiente racionalidad regional para superarlas a través del diálogo y el compromiso.

Quizá Sudamérica este llamada a aparecer a la vida política planetaria en el futuro para restablecer un equilibrio estable en el planeta basado en el derecho y la equidad, pero ello exige una región política, económica y militarmente unida, una confederación de patrias como quería De Gaulle para Europa. Esto es, una unión en la cual no se pierda, sino se potencien nuestras identidades, integrándose en un horizonte común.

Aunque esta reflexión pueda parecer un tabú, los países de la región no pueden perder de vista la perspectiva de que Sudamérica deba ingresar a un nuevo período histórico con esperanza de alcanzar el protagonismo que nos adeuda la historia, caso contrario, estaremos condenados a conflictos estériles y a una progresiva consolidación como periferia permanente dentro del sistema del mundo actual.

Publicado en la revista del CC FF AA Año N°2, fecha 1 de diciembre de 2007

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