Artículos de opinión de Alfredo Palacios Dongo

DEPLORABLE MANEJO DE GESTIÓN FORESTAL DESDE 1940

Desde la década de los 40 la explotación forestal en nuestra Amazonía fue incrementándose en forma exponencial, y a pesar de la abundante normatividad en el tiempo (leyes, decretos supremos y legislativos, resoluciones supremas y ministeriales) para tratar de proteger y conservar los bosques, los resultados han sido nefastos.

Han pasado 75 años y todo ha empeorado: 1) En protección y control: irracional deforestación de 10 millones de hectáreas de bosques, anualmente se depredan 110 mil hectáreas por tala ilegal sin un solo sentenciado; 2) En reforestación: de 10 millones de hectáreas deforestadas solo hemos reforestado 30 mil (0.3%); 3) En concesiones: de 1,000 otorgadas (9.5 millones de hectáreas) la mayoría opera ineficiente e insosteniblemente; 4) En producción maderera: solo exportamos US$ 150 millones anuales aportando 1% del PBI (Chile con mucho menor potencial forestal exporta 40 veces más, US$ 6,000 millones, aportando 3% del PBI); 5) En productos maderables: increíblemente somos importadores netos (US$ 1,000 millones anuales).

 La nueva Ley Forestal N° 29763 (21 julio 2011) fue reglamentada 4 años después (29 setiembre 2015) promulgándose 4 reglamentos para gestión forestal, fauna silvestre, plantaciones forestales y sistemas agroforestales, y a partir de dicha reglamentación comenzaron las promesas y proyecciones de los ministros de Producción y Agricultura, entre ellas: inversiones privadas por US$ 10,000 millones; reforestación de 2 millones de hectáreas los próximos años; aumento de exportaciones de US$ 150 millones a US$ 3,000 al 2017 y US$ 5,500 millones la siguiente década; reducción de importaciones de productos forestales de US$ 1,000 millones a US$ 500 millones al 2021; cultivo al 2030 de 2 millones de hectáreas de plantaciones para fines comerciales; fomento del mercado legal de madera, etc.

Como vemos, solo se preocupan de inversiones y concesiones pero no del fondo del problema, ni siquiera tenemos una ley de ordenamiento territorial, ni un sistema de monitoreo, ni una estrategia nacional de conservación. Prioritariamente debemos mejorar la gestión forestal en mantenimiento, control, protección y valor de ecosistemas a través de transparencia y anticorrupción del sector, mejor uso de recursos, sostenimiento ecológico, producción competitiva en transformación de productos, formalización de la economía forestal y competitividad económica, inclusión social y equidad en torno a los bosques, entre otros, para aprovechar de manera formal y eficiente nuestro potencial forestal y que éste brinde sus beneficios (bienes y servicios) de manera sostenible.

Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 14 de noviembre de 2015


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