La guerra del Medio Oriente que involucra a Estados Unidos, Israel e Irán, con repercusión en unos diez países de la región, se inició el 28 de febrero pasado, en este conflicto, el estrecho de Ormuz en el Golfo Pérsico entre Irán y Omán, de solo 40 kilómetros de ancho, cobra importante trascendencia porque está bloqueado por fuerzas del régimen de los mulás iraníes que cuentan con drones, misiles y lanchas no tripuladas con cargas explosivas. Por este estrecho, en condiciones normales, pasan diariamente 140 barcos que transporta alrededor del 20% de la demanda mundial de petróleo, gas y otros productos químicos, pero actualmente se encuentran varados unos 2,000 barcos.
Los
principales países del Golfo Pérsico poseen grandes complejos petroquímicos que
producen azufre, amoniaco, urea, productos usados como materias primas para la
industria química, plásticos y fertilizantes, y a través del estrecho, en
condiciones normales, circula 35% del suministro mundial, mientras continúe
prolongándose la guerra, los costos de fertilizantes seguirán aumentando su
precio, antes de la guerra de Medio Oriente desde US$400 la tonelada ha aumentado
a US$650 y podría escalar hasta US$900, precio similar al alcanzado en 2022 al
inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania, y seguirá afectando nuestra
agricultura por los enormes requerimientos de importación, en 2025 fueron
750,000 toneladas y se proyecta más de 1 millón para 2035, esta situación
afecta los costos de producción de alimentos, especialmente de cultivos más
dependientes de urea como arroz, papa, maíz, trigo, cítricos y frutales de
exportación.
La
escalada del conflicto de Medio Oriente ha afectado directamente la cadena de
suministro del comercio mundial de fertilizantes que son especialmente
vulnerables a los costos de fletes, ha aumentado los precios de amoniaco,
nitrato de amonio, urea, y su escasez afecta la producción de alimentos. En
nuestro caso, la urea es el fertilizante más utilizado en las campañas
agrícolas por su alta concentración de nitrógeno, elemento esencial para el
desarrollo de cultivos y rendimiento por hectárea de muchos alimentos de
nuestra canasta familiar; el agricultor que siembra necesita anticipadamente
los fertilizantes, pero su elevado precio o falta de disponibilidad, ocasiona
que siembre menos o sustituya cultivos, generando una
menor productividad agrícola afectando la cadena alimentaria. Nuestra
actual campaña agrícola de agosto 2025 a julio 2026, según el Ministerio de Desarrollo
Agrario y Riego, el alza de fertilizantes afectará de todas maneras algunos
cultivos, sin embargo, no se ha manifestado sobre la siguiente campaña 2026,
que anticipa cosecha de cultivos esenciales, granos y frutas, y podría verse
más complicada.
Bajo
este panorama, si se alarga la guerra en Medio Oriente, los resultados
previsibles por los fertilizantes en las próximas campañas agrícolas sería una
afectación de nuestros cultivos que ocasionaría una reducción de la oferta
interna y aumento de precios de alimentos, lo cual incrementaría nuestra
inseguridad alimentaria. Según informe de agosto 2025 de la Organización de las
Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO, 4 de cada 10
peruanos enfrentan inseguridad alimentaria moderada o severa. Actualmente no
contamos con una Política Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional, por
tratarse de un problema social y alimentario, el gobierno debe elaborar
urgentemente dicha política nacional e implementar políticas públicas para
diversificar proveedores de fertilizantes, incrementar las reservas
estratégicas de insumos, mejorar la eficiencia en el uso de nutrientes y proteger
la agricultura familiar y los pequeños y medianos productores.
Artículo
de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 28 de marzo de
2026



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