Artículos de opinión de Alfredo Palacios Dongo

REFINERÍA DE TALARA: CUESTIONADA MODERNIZACIÓN

La historia de modernización de la Refinería de Talara, caracterizada por misterios y desfases y por confusas acciones y declaraciones, se inició en octubre 2008, la primera convocatoria con un solo postor precalificado fue declarada desierta, se buscaba una empresa que invierta US$ 800 millones que recuperaría con la venta de combustibles. En segunda convocatoria ganó la buena pro (diciembre 2009) la empresa española Técnicas Reunidas, firmándose el contrato por US$ 1,177 millones (marzo 2010), sin embargo, el proceso de licitación internacional fue cuestionado por empresas que llegaron a la etapa final, y por 2 de los 6 miembros del directorio de Petroperú que votaron contra el contrato. 

En noviembre 2012 Técnicas Reunidas ya valorizaba el proyecto en US$ 3,450 millones, por el elevado monto el Gobierno decidió no desarrollarlo todo sino por partes, pero en diciembre 2013 el Congreso aprobó la Ley 30130 declarando la modernización necesidad pública e interés nacional dándole visto bueno, así, se suscribió un nuevo contrato con Técnicas Reunidas (mayo 2014) para incrementar la capacidad de refinación de 65,000 a 95,000 barriles petróleo diarios (bpd) y producir combustibles con bajo contenido de azufre (según Petroperú esto mejoraría la seguridad energética y reduciría las importaciones). En octubre 2016 Petroperú anunció nuevo costo del proyecto (US$ 4,782 millones) y en febrero 2017 otro incremento (US$ 5,400 millones), es decir, en 9 años el monto del proyecto casi se septuplicó, de US$ 800 millones previstos inicialmente a US$ 5,400 millones declarados actualmente. 

Bajo este panorama existen muchos cuestionamientos a este proyecto, entre otros: 1) Falta de transparencia, los contratos fueron divulgados (por presión) recién hace 2 meses después de 7 años de firmados; 2) El proyecto fue iniciado sin contar con financiamiento cerrado: 3) Es una inversión de dudosa rentabilidad en el largo plazo (deben recuperarse US$ 5,400 millones en 30 años); 4) Para la Contraloría los incrementos de costos no significan mejoras en el esquema del proyecto; 5) Existe un retraso de 2 años, el último plazo (2020) puede seguir postergándose; 6) Se busca incrementar la capacidad de refinación con reducción de azufre, pero no tenemos crudo disponible porque nuestra producción cayó drásticamente por falta de exploración y explotación (de 196,000 bpd en 1980, hasta 40,000 bpd el 2016) obligándonos a seguir importándolo, y hasta el Oleoducto Norperuano está paralizado 1 año 3 meses sin visos de una solución segura y confiable.

Artículo de Alfredo Palacios Dongo publicado en el diario EXPRESO, fecha 20 de mayo de 2017


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